La incidencia de la copa en la apreciación visual del vino reside en su transparencia total, su regularidad de moldeado y su forma. En la cata de color, la forma que más resalta los tonos rojizos y atenúa el "cuero" es el fondo esférico.

Por lo tanto, para tinto, fondo esférico en copa, siendo tolerable tendencia a cónico en blancos.

La calidad de moldeo debe ser perfecta. Para comprobarlo se coloca la copa vacía en horizontal a 5 m. de una superficie blanca y bajo un alumbrado desde techo, de incandescencia.

La débil sombra debe ser regular sin cambios de intensidad. Suelen ser frecuentes las sombras de anilla de borde y en la panza. Esto no debe ocurrir o ser mínimo.

Una sonoridad aguda en percusión indica espesor sutil y regular y borde fino.

La copa influye en el aspecto visual en el brillo y en el color.

La turbidez se aprecia mejor en copas panzudas, que en tinto precisan fuerte iluminación. En fondos cónicos se atenúan las turbideces.

A su vez, una copa de moldeo irregular tiende a dar efectos lenticulares que, ante la luz, produce dispersiones o convergencias luminosas que simulan espejuelos que enmascaran faltas de brillo.

Con respecto al calor, invoquemos una vez más lo que buscamos:

Tintos.- Colores vivos, evitando maderizados.

Blancos.- Palidez.

Esto hemos comprobado que se consigue con copas diferentes. Para tintos los fondos esféricos resaltan rojo en armonía con amarillos. En cambio, fondos cónicos suponen mayor espesor de cristal que atenúan rojo y resalta amarillo y maderizado. El razonamiento es válido para blancos pero con sentido opuesto.