Por Jaime Sanz. La copa es la herramienta del catador y es el vehículo para presentar el vino a nuestro análisis sensorial. El vino puede catarse en una gran variedad de copas en lo que se refiere a su forma y tamaño, pero debe haber un mínimo exigible en cuanto al color del vidrio, que debe ser ineludiblemente transparente e incoloro.

En cuanto a su forma, se deben evitar las copas de boca ancha y de cristal grueso, y que sean talladas con relieves.

Siempre hay que hacer una distinción entre la copa de cata empleada por el profesional y la copa de mesa. En este caso es suficiente que sea cómoda para manejarla y agradable en el borde superior que se pone en contacto con los labios, ya que la mesa no es exactamente el lugar más idóneo para realizar una cata profesional.

De todas las copas posibles para utilizar en la cata, un grupo de expertos franceses en colaboración con diversos organismos oficiales, como institutos Nacionales de Origen definieron la copa que se normalizó por AFNOR (Asociación Francesa de Normalización).
La denominada copa Afnor responde a la norma internacional ISO 3591-1977Las medidas de la copa Afnor son las siguientes:

Diámetro borde superior 46 mm
Altura total 155 mm
Diámetro de la parte más ancha 65 mm
Capacidad total 215 mm
Grosor del cristal 0,8 mm
Altura de la base al pie 55 mm
Material cristal transparente e incoloro con un 10% o 12% de plomo
Diámetro de la base 65 mm

Es recomendable lavar la copa en agua jabonosa, empleando un jabón inodoro y aclararla abundamente con agua. No secar con paño o papel, para que no se impregne de olores. Dejar escurrir boca abajo, a ser posible colgadas para que se aireen y no guardarlas en vitrinas o armarios cerrados.

En el caso que la copa contenga algo de agua es importante "envinarla", enjuagarla con una pequeña cantidad del vino que se va a catar.