De vez en cuando, LugardelVino viaja por el mundo buscando bebidas interesantes. Hoy, hablamos de un licor muy conocido en todo latinoamérica. Se trata de un Brebaje de maíz o arroz conocido en América desde sus primeros pobladores. Puede constituir desde un refresco hasta una especie de vino embriagante. Hay quienes sostienen que es vocablo propio de los cuna panameños, otros defienden su origen arauaco u otomí e incluso, alegando la muy acreditada opinión de Gonzalo Fernández de Oviedo, sostienen que es palabra taína.

Lo cierto es que si en su origen se empleó para designar una bebida fermentada de maíz, posteriormente sirvió para nombrar la obtenida de cualquier grano. Su preparación presenta algunas variantes según la zona cordillera de que se trate, pero fundamentalmente consiste en moler el grano de maíz, añadir guarapo de piña y luego dejarlo fermentar.

Este proceso de molienda hecho a la manera de los aborígenes americanos lo describe el milanés Girolamo Benzoni, quien supuestamente estuvo en estas tierras en el siglo XVI, diciendo: "Las mujeres encargadas de hacer esta bebida, toman un poco de maíz, lo ablandan en una olla, y se lo pasan a otras, que tienen la tarea de masticarlo poco a poco y escupirlo con fuerza, como tosiendo, en una hora o tazón. Luego lo colocan en la jarra con el resto de la mezcla, de no hacerlo así, este vino o bebida no tendría ninguna fuerza.

Por último lo hierven por un lapso de tres o cuatro horas, lo dejan enfriar y lo cuelan con un paño, sale tan perfecto que embriaga como si fuese verdadero vino".

Este menester, según algunos cronistas se dejaba a las ancianas. Tal manera de preparación produjo en algunos españoles puntillosos, ciertas reservas, por no decir asco, reacción inmerecida pues quienes rechazaban la molienda masticatoria se olvidaban de que en varias regiones de España para la confección del famoso aioli, se empleaban los mismos servicios femeniles en la trituración de los dientes de ajo que luego con la paulatina incorporación del aceite, revolviendo, daban como resultado la muy famosa emulsión que hacía desde tiempo inmemorial, las delicias de muchos peninsulares, como salsa.

La chicha de maíz era confeccionada por la mayoría de las tribus que ocupaban lo que hoy es territorio de Venezuela.

Pero ya en épocas más cercanas a nosotros, se redujo su elaboración y consumo a la región andina y a las áreas ocupadas por las etnias americanas sobrevivientes.

Así en el Táchira, donde constituye bebida típica, se la endulza con un almíbar de papelón que lleva clavos de olor y canela y en algunos sitios le añaden algo de limón, tal vez poco, para evitar caer en el dicho "No es chicha ni limonada". Si se le deja a temperatura ambiente resulta muy fuerte o como dice el lenguaje popular "se enfuerta mucho". Hoy se evita este exceso de fermentación enfriándola en la nevera.

La gente de la zona central y norte del país prefiere la "chicha de arroz" que no es otra cosa que un carato de dicho grano, perfumado con vainilla o con esencia de almendras.

En todo caso esta bebida de tan sencilla preparación es uno de los rasgos sobrevivientes de nuestro pasado indígena y su vigencia más que milenaria constituyen sin lugar a dudas, motivo de orgullo.