En el corazón del Valle de Uco, junto a la Cordillera de los Andes y a 1.100 metros de altura, la bodega Salentein acaba de inaugurar un novedoso complejo multidisciplinario donde confluyen naturaleza, arte, vinos, turismo, cultura y gastronomía. El martes fue un día hermoso en el Valle de Uco. Mucho sol, cielo diáfano, aire cordillerano y, en pleno desierto, una fiesta que de alguna manera evoca otro más de los logros en ese camino arduo, casi litúrgico, que tiene el vino argentino para comenzar a jugar en las grandes ligas. Allí entonces, en la pequeña zona de Los Arboles, Tunuyán, se inauguraba Killka, un espacio sin precedentes en Argentina, y uno de los pocos del mundo que integran el vino con el arte en sus más diversas manifestaciones. Se trata de un complejo artístico y cultural de más de 5.000 metros cuadrados, al pie de la Cordillera de los Andes, destinados a que de ahora en más confluyan cuadros, vinos, gastronomía, turismo, eventos sociales, esculturas, naturaleza e historia.

Viniendo del norte, ya desde la ruta 89 se divisa ese oasis de construcciones conformado por las bodegas Salentein y El Portillo, y ahora este inmenso complejo, totalmente integrado al entorno. Es que cuando a fines de los 90? se encargó la construcción de Bodegas Salentein, la idea fue hacer no sólo un proyecto agroindustrial, sino un emprendimiento que tuviera sólidas raíces culturales, y que sirviera para el desarrollo de una iniciativa más amplia, dónde también fuera beneficiaria la región y su gente.

El conjunto arquitectónico denominado Killka está virtualmente ubicado dentro del ?Espacio Salentein?, a más de 1.100 metros de altura, en el corazón de la Cordillera de los Andes, junto a la bodega y su Capilla, y a pocos kilómetros de la Posada Salentein. Es a todas luces ?la llegada? a este oasis, la primera parada, con un objetivo básico en principio: recibir, informar, recrear, educar y servir a los visitantes que llegan a la Bodega interesados en conocer cómo se manejan los viñedos, cómo se elabora el vino y tener diversas experiencias y actividades en relación al arte y la cultura.

Las áreas principales de Killka son cuatro: la recepción, los espacios de arte, la gastronomía y un sector para ventas.

Empecemos por el arte. Bien delimitados son sus dos ejes; por un lado la Colección Killka está compuesta por una selección de obras de arte argentino de la segunda mitad del siglo XX, que mezcla artistas consagrados, representantes de la generación intermedia y nuevas expresiones locales. Entre las firmas grandes se destacan lujos como Rómulo Macció, el genial Antonio Seguí, Nicolás García Uriburu, Rogelio Polesello, la siempre vigente Josefina Robirosa y Marta Minujín, entre otros. A esto se suman algunas excelentes pinturas holandesas de los siglos XIX y XX, con la intención de expresar a través del arte el vínculo profundo entre Holanda (de donde provienen los capitales de Salentein) y Argentina.

Por otro lado la Galería Killka es un espacio reservado para muestras itinerantes. En esta primera exposición se muestran varios cuadros adquiridos por la bodega de 17 jóvenes pintores de Cuyo y

Buenos Aires.

Mención aparte merecen los altorelieves que adornan los muros de la Capilla que reproducen imágenes bíblicas; sin desperdicio.

La gastronomía en este complejo se luce con un restaurante con capacidad para 80 cubiertos, cuya propuesta se basa en platos elaborados con productos naturales de la zona en particular, y de la Patagonia Argentina en general.

Contiguo está el hall central, que comunica con el auditorio, lugar destinado a proyecciones audiovisuales, conferencias y presentaciones en torno a la vid y el vino. Luego se abre un salón de usos múltiples con capacidad para 110 personas sentadas, y por último un completo wine shop donde puede conseguirse desde las distintas etiquetas de la bodega hasta prendas de ropa de cuero local, pasando por decanters, libros y productos relacionados al vino.
En fin, Killka será una buena alternativa que complementará a la perfección la oferta que engloban las rutas del vino cuyanas, y sin dudas ayudará a posicionar cada vez más el vino argentino y sus tierras mendocinas en el mundo entero.