Llamamos anfitrión al que recibe invitados a comer. Esta palabra deriva del nombre de un personaje de la mitología griega. Anfitrión era un valiente soldado casado con Alcmena que debió dejar su hogar para ir a la guerra. Zeus (siempre Zeus codiciando la carne ajena) que estaba enamorado de esa mujer, tomó el aspecto del guerrero y se presentó en su casa aparentando haber vuelto de la contienda.

Por supuesto la inocente Alcmena, aunque creyó percibir algún cambio en él, lo recibió alegre en su lecho. De esa unión nació el semidios -como se da en denominar al hijo de un dios y una mortal- Hércules.

Cuando el verdadero Anfitrión regresó, corrió lleno de júbilo hacia su esposa quien no entendía tanta alegría puesto que su amado estaba allí desde hacía mucho tiempo.

El equívoco duró algunos días hasta que el adivino Tiresias le reveló la verdad a Anfitrión que, ahora sí, estaba en el camino de regreso. El ofendido decidió entonces matar a su esposa quemándola en una hoguera pero Zeus intervino para que esto no sucediera. Hizo llover y apagó el fuego. El desconsolado Anfitrión consideró esto como un signo divino y perdonó a Alcmena.

El tema fue tomado en una comedia por Plauto en el siglo I y por Moliere en el siglo XVIII. En la obra francesa el personaje dice "El verdadero Anfitrión es el que invita a cenar" y de allí la palabra comenzó a designar al dueño de casa que, en realidad, es anfitrión si invita a comer, no importa la hora del día.

Por Elsa Scopazzo