La vid es exigente en climas luminosos. La actividad fotosintética aumenta con la longitud de onda de la banda del espectro visible. El crecimiento aumenta con la mayor intensidad de la insolación hasta un cierto límite. Los años de gran insolación dan racimos más ricos en azúcar y menos ácidos, y en general más coloreados.

 

 

Respecto al fotoperiodismo, la vid es de día largo, es decir, es exigente en luz para florecer y madurar sus frutos. Pueden considerarse satisfactorias duraciones medias, variables lógicamente con el estado de desarrollo, las siguientes:
- Mayo y Agosto 14 h.
- Junio y Julio 15 h.
- Septiembre 13 h.
- Octubre 10h.


Durante un período activo en el hemisferio Norte, el número de horas de sol crece con la latitud. Una vez satisfechas las exigencias mínimas o medias de duración a lo largo del período activo, la insolación resulta más decisiva por la intensidad, la cual aumenta durante dicho período al decrecer la latitud.

En ausencia de limitaciones, el crecimiento global aumenta con la intensidad luminosa como consecuencia de la tasa de actividad fotosintética.

En condiciones satisfactorias de temperatura (25-30ºC), el óptimo esté entre 30.000 y 60.000 Luxes (1000 W/m2 = 96.000 Luxes); por encima de 30ºC y 100.000 Luxes se produce cierre estomático.

Una vez cubiertas las necesidades mínimas en duración del día, los climas con una luminosidad intensa favorecen aspectos semejantes a los que favorece la temperatura, que en definitiva depende de la radiación solar, como son:

- Tasas más altas de crecimiento, agostamiento y mayor fertilidad de las yemas
- Mayor precocidad en la maduración, en la riqueza en azúcares y materia colorante y acidez más baja.