Un año caluroso se asocia con frecuencia en Francia con una gran añada, pero el calentamiento global podría producir el efecto contrario en el vino que se elabora en ciertas regiones meridionales. «Los primeros estudios sobre las consecuencias del cambio climático muestran que el calentamiento ha favorecido globalmente la calidad del vino», anotó el científico estadounidense Gregory Jones en un coloquio que reunió en la ciudad francesa de Dijon a un centenar de expertos en torno al tema Calentamiento climático, ¿cuáles serán los impactos probables en los viñedos?

 

«En el futuro, el calentamiento podría volverse nefasto para numerosas regiones», matizó este científico de la Universidad del Sur de Oregón.

Entre los problemas a los que tendrán que enfrentarse los vitivinicultores en los próximos años, Jones citó la escasez de agua, el desarrollo de enfermedades y la erosión del suelo debido a las reiteradas inundaciones.


Bernard Seguin, del Instituto Francés de Investigación Agronómica (INRA), confirmó: «El calor es algo bueno... hasta cierto punto». La canícula que golpeó a Europa en el año 2003 sirvió para aventurar lo que podría ocurrir con frecuencia en el futuro. El fenómeno «fue globalmente positivo para las cosechas del norte de Francia, pero menos para las del sur», señaló.

De modo más global, las regiones más amenazadas son lógicamente las que tienen ahora los climas más cálidos, como el sur de Europa o California (EE.?UU.), donde, si no se hace nada, sólo las zonas costeras, templadas por el océano, podrán seguir cultivando viñas hacia el año 2100, calculó Jones. Frente a este desafío, científicos y profesionales del mundo vitivinícola se movilizan para encontrar respuestas.

Una especialista española, Gemma Molleví, habló de la posibilidad de plantar viñas a ras de suelo, para conservar mejor la humedad y proteger las uvas del sol, o desarrollar la irrigación controlada. «Es urgente aplicar este tipo de medidas en las zonas más cálidas y áridas de España»