Cuando te regalan o adquieres una botella de vino surge una pregunta inmediata. ¿La consumo o la conservo para una mejor ocasión? Estos consejos te ayudarán a tomar la decisión adecuada. En líneas generales, los vinos que se comercializan jóvenes (vinos del año o de segundo año, sin crianza) están concebidos para ser consumidos en un plazo breve de tiempo.

 


CONSUMO INMEDIATO
Los blancos y rosados del año más ligeros mantienen sus cualidades durante el año siguiente al de su cosecha y ofrecen más seguridad de disfrute en los primeros meses. Hacia el otoño, han perdido en gran medida sus aromas frutales.

Por sus especiales características, ubicaremos a los espumosos en el grupo de vinos de consumo inmediato. Tan interesante como el dato de la edad de un espumoso es la fecha del degüelle -se eliminan los posos de la fermentación dentro de la botella-. A partir de ese instante, el espumoso se pone a la venta; ya está para beber, mejor antes que después, puesto que en adelante no ganará calidad ni buqué. Evitemos la costumbre de conservar las botellas de cava o champagne en casa, pensando en lejanos bautizos o cumpleaños; si la intención es consumirlo de inmediato, el espumoso debe guardarse en la parte menos fría de la nevera, por un período no superior a diez días. Se puede guardar de pie, si hay problemas de espacio, ya que los actuales tapones lo permiten. Observe si el tapón toma forma de seta al rato de su extracción, síntoma de frescura en el producto.

Los finos y manzanillas son vinos de larga crianza y, sin embargo, evolucionan rápidamente. Deben consumirse, por tanto, en un plazo de seis meses a partir de su salida de la bodega elaboradora. En el etiquetado de estos vinos sería deseable la inclusión de la fecha de expedición y/o la fecha de consumo recomendada. La media actual de rotación de una botella de fino en España ha mejorado bastante y ronda los tres meses, lo que hace aumentar las esperanzas de tomar un producto en buenas condiciones. Lógicamente, el deterioro del vino en su calidad se acelera si dejamos las botellas abiertas de un día para otro.

Los tintos jóvenes, así como algunos blancos de más extracto (como los elaborados tras una maceración con los hollejos) o mayor estructura (como los de Rueda y Albariños), soportan mejor el paso del tiempo. Los aromas frutales se ven también atenuados, pero dejan paso a otras sensaciones de evolución, en ocasiones elegantes, al tiempo que se pulen y resultan más suaves en el paso de boca. Conservarlos más allá de dos años empieza a ser una lotería. En los últimos años se están elaborando vinos jóvenes con un toque de barrica, que suele oscilar entre los 3 y 6 meses, los cuales pueden aguantar perfectamente un año más en botella.

VINOS PARA GUARDAR
El vino es un elemento vivo en constante evolución. La secuencia natural de la evolución del zumo de la uva es mosto-vino-vinagre-agua. El objetivo de la enología pasa por mantener el vino en su estado más satisfactorio durante el mayor tiempo posible. Las características finales del producto determinarán su evolución y su longevidad.
Sin embargo, no todos los vinos son susceptibles de mejorar sus cualidades tras ser sometidos a un envejecimiento en madera y aún entre los que muestran buenas cualidades para la crianza, no todos llegan a soportar largas permanencias en la barrica.

El llamado vino de guarda puede pasar una larga etapa máxima de calidad, no mejora ni empeora, habita en una especie de meseta, de la que tarde o temprano irá descendiendo lentamente. No es lo mismo guardar en casa un tipo "crianza" del 89 que un "gran reserva" de la misma añada. Si una determinada bodega ha decidido destinar partidas diferentes de la misma cosecha a cada una de las categorías, habrá actuado seleccionando los vinos mejor estructurados para que éstos sean en un futuro más viejos.
Cuatro años es el plazo medio de vida útil para el crianza, ocho o diez para los reservas y quince o más para los grandes reservas. Hay que aclarar que esta "regla" presenta numerosas excepciones.

Los vinos de mayor extracto, elevada graduación alcohólica, buena acidez y bien dotados de taninos, gozan de una vida más larga, así como los que han permanecido durante más tiempo en barricas de madera. Ejercen además su influencia las variedades de uva, con sus respectivas tendencias más o menos oxidativas. Las tempranillo, graciano, cabernet sauvignon, merlot, evolucionan más lentamente, siempre en términos generales, que las garnacha, monastrell, gamay o syrah.