Así, con alegría, es como se aviva la vida...

Erase un segador cuesta arriba y bajo el sol en un campo tan largo que diríase camino una vez estuviese segado. Había dejado el vino cogiendo buen gusto a la sombra de un encino y avanzaba a favor suyo meciendo la guadaña con maestría y pulso. Ganó a la madrugada y llegó al encino cuando ya clareaba empinó el botijo y dijo: Así bien fresquito es como me gusta el vino. 

Con mucho mimo pasó una piedra por el ondulante filo a su manida herramienta para que más que sus callos trabajase duro ella. Caminando por lo logrado con el día medio hecho regresó al otro lado y navegó de nuevo la mies dorada con ritmo y denuedo, con su sombrero de paja, con su piel morena, con su camisa blanca, hasta que la faena volteó las sombras y sudó la tierra. Todo cansado llegó al encino con todo segado empinó el botijo y dijo: así bien calentito es como me gusta el vino.

Así, con alegría, es como se aviva la vida, a ratos caliente, a ratos fría, pero siempre tuya y mía.