Por Rocío Orbea. En los últimos tiempos hemos comprobado un cambio de tendencia y de planteamiento en los negocios relacionados con el vino. Desde la arquitectura de bodegas al diseño de etiquetas y botellas pasando por novedosos avances en técnicas de elaboración y formación de los profesionales. 

Estos cambios también se han producido en el punto final de esta cadena, es decir, las tiendas y bares donde los consumidores compran y degustan el vino.

No se sabe si fue antes la gallina o el huevo y en este caso pasa un poco lo mismo, no se sabe si las tiendas de vino han cambiado su planteamiento de negocio al comprobar las peticiones de los nuevos consumidores de vino o los clientes han modificado sus hábitos de compra al ver la oferta diversa e interesante que ofrecen los establecimientos.

Se ha reforzado la imagen de tiendas pequeñas, ?de barrio? ( imitando las?caves? francesas), con un número interesante de referencias (alrededor de 300 a 600), que combinan grandes clásicos de nuestro país con vinos procedentes de bodegas nuevas o de regiones que están otra vez en mente de todos como Toro, Valencia, Baleares o Murcia. Incluso se atreven con una pequeña representación de vinos del mundo, puesto que el interés por el vino está en plena ascenso.

Se busca un trato mucho más personalizado y cercano con el cliente, el vendedor no es un simple dependiente, es un sumiller titulado o una persona con amplios conocimientos sobre vinos, cuyo propósito es dar al cliente toda la información referente a cada producto, pero en términos cercanos al consumidor. Incluso, a menudo, descorchan botellas durante el horario comercial, para que el cliente pueda conocer y degustar el vino, recibiendo las explicaciones y consejos del sumiller al mismo tiempo que realiza la compra.

El cliente de este tipo de establecimientos son personas que les gusta el vino, que conocen las marcas pero que buscan una oferta más amplia y específica. Suelen estar al corriente de las novedades del sector. En sus casas, el vino ocupa un lugar especial, incluso algunos deciden invertir en armarios climatizados sabedores de la importancia de la conservación y almacenamiento de los vinos.

Su frecuencia de visitas a la tienda es elevada, prácticamente casi todas las semanas y no solo los fines de semana, suelen darse una vuelta para ver las novedades traídas hasta entonces y su compra no será muy elevada en cantidad pero si en calidad y no siempre esa compra será para un consumo inmediato.

Muchos de ellos, realizan cursos de cata para profundizar sobre el tema y algunos de ellos se convierten en verdaderos expertos de la materia. Solo hace falta interés y ganas de aprender!

En el siguiente articulo seguiremos tratando los establecimientos del vino, conociendo en profundidad las grandes superficies y los clientes que se acercan a ellas.

Hasta la próxima.

Rocío Orbea

Marketiza
marketiza@lugardelvino.com