Hay países donde productor, bodeguero y comercializador son independientes. A priori, ninguna fórmula es mejor que otra, sin embargo, en los tiempos que corren, la filosofía se vuelve poco flexible. Nuestro Know-How sobre viticultura y enología son destacables en el panorama internacional. 

Sin embargo, el 60% de las bodegas de nuestro país son familiares y tienen importantes lagunas en una pata del negocio fundamental en los tiempos que corren: la comercialización.

Sin embargo, una comercial política errática obliga a la bodega a almacenar miles de botellas que no salen como deberían, lastrando la solvencia hasta límites insospechados.

Su única salida en circunstancias como las actuales pasa por vender la uva a terceros, reduciendo la producción en años de crisis. Esto provoca una caída del precio del kilo de uva lastrando rentabilidades de los vitucultores.

Los números de la cosecha y las nuevas tendencias en el consumo hacen que la vitivinicultura se enfrente a un panorama complejo. Una reciente nota publicada en Wine Spectator, la revista especializada en vinos más importante de EEUU destaca que en países como Argentina "todos los cimientos están en su lugar" para lograr el éxito entre los consumidores norteamericanos. Un precio ajustado, una integración de la cadena productiva y los cepajes adecuados son un buen punto de partida. Francia, se encuentra en el polo opuesto. En medio, países como España o Italia luchan por sobrevivir a la crisis volcándose en nuevos mercados ya que el mercado interno cae un 40% con respecto a años anteriores.

Con respecto a la tipología, la caída en el consumo de los vinos blancos es una tendencia que se viene advirtiendo en los últimos diez años y que debe ser enfrentada con medidas estructurales, promoviendo la diversificación y no con decisiones coyunturales, que no hacen más que diferir el problema hacia adelante.

No tenemos la solución, aunque si podemos afirmar que una visión global de la bodega obliga a considerar el mercado desde el mismo momento que se recoge la uva, y no cuando el vino se encuentra ya embotellado y listo para salir al mercado. Cuanto, como, por cuanto y para quien son preguntas básicas que debería hacerse toda bodega cada año. ¿Tu te la haces?