Por Martín Contreras. En los últimos tiempos Argentina se ha dado a conocer en el mercado externo con el Malbec, cepa de origen francés. 

Más allá de la intención de fijarla como "marca" por el mundo del marketing del vino, ésta se ha adaptado muy bien al país logrando muy buenas expresiones.

Parece que a la Malbec le gustó al país, y a partir de ella se obtienen grandes vinos en las distintas regiones vitivinícolas. Me gustaría recordarles que la zona más propicia para la industria del vino se extiende desde los 22º a 42º de la latitud sur, estamos hablando de un área de una longitud de aproximadamente 2200 kms al pie de la cordillera de los Andes, en los amplios valles y llanuras inclinadas. Con un total de, algo más, de 221.000 hectáreas cultivadas no resulta tan difícil imaginar la variedad de climas, suelos, ecosistemas que se dan. Y a lo largo de ella los vinos Malbec nos dan distintas características en grandes expresiones. Es decir que, si se piensa que la Argentina es sólo Malbec bien vale la pena probar los de las distintas regiones: del noroeste (Provincias de Salta, Catamarca y la Rioja) muy intensos en color, con aromas a moras y el característico pimiento verde; los de cuyo (provincias de San Juan y Mendoza) donde se realza el carácter de las frutas rojas y los del Alto Valle del Río Negro (provincias de Neuquén y Río Negro) donde se encuentran las notas minerales.

Ahora entremos en los otros protagonistas de la vinicultura Argentina. Así, se producen muy buenos vinos de uva Torrontés que son los primeros que nos hicieron conocer internacionalmente. Los vinos Torrontés de la zona del Noroeste son los típicos, de aromas y gustos frutales muy intensos. Pero el Torrontés, al igual que la Malbec tampoco se queda allí exclusivamente, si no que descendiendo hacia el sur también se hacen vinos de esta va, donde se podría decir que a la Torrontés se la ha llevado a un curso de Protocolo y Ceremonial, y aquel ?salvaje? norteño se expresa elegante, refinado y muy bebible en la zona de Cuyo.

Además de las 2 cepas más mencionadas de nuestro país, se producen muchas más. La variedad de ecosistemas, que más arriba les mencionaba, da a la posibilidad de que viticultores, vinicultores y bodegueros cuenten con un amplio abanico de posibilidades de producción. Y acá van las novedades: la Bonarda una cepa que debido a su vigor, gran rendimiento y bajo costo ha sido algo menospreciada y dejada a un lado, hoy nos llama la atención, se producen vinos frutales con aromas a frambuesas y toques de anís,  de muy buena estructura. La Syrah encontró su lugar en Cuyo, más precisamente en la provincia de San Juan, donde varias bodegas la tienen como la cepa más preciada y están invirtiendo considerable sumas para la adquisición de fincas en la zona, de ella se obtienen vinos frutados finamente especiados. Precisamente un Syrah sanjuanino aparece en la lista de los 10 mejores del mundo (www.syrah-du-monde.com). De la Merlot ya hay algunas expresiones que están dando muy buenos comentarios en el mercado interno y seguro próximamente los producirán en mercados foráneos. A la Pinot Noir le gustó el sur, en el Alto Valle del Río Negro se logran caldos con buen equilibrio, frescos, intensos y sorprendente cuerpo. Y por último, en lo que juega también mi gusto  personal, la Petit Verdot. Hay bodegas en Mendoza que se ?jugaron? por esta cepa dedicándole pocas hectáreas pero que han logrado vinos muy interesantes.

En la última edición de uno de los principales concursos del país con un jurado formado por especialistas de reconocido nivel internacional (Hyatt Wine Awards, www.hyattwineawards.com.ar), dos expresiones de esta cepa han recibido medalla de oro.
Así que estimados, no pongo en dudas los Malbec argentinos sino que, además, me atrevo a recomendarles que prueben los de las distintas zonas si tuviesen la posibilidad; y también me animo a decirles que la Argentina es mucho más que Malbec, los invito a descubrirla.

Martín Contreras
argentina@lugardelvino.com
www.caballerosdelacopa.com.ar