En su ciudad natal de Modesto, falleció a los 97 años Ernest Gallo, el hombre que logró colocar los vinos de California en el mercado internacional. A poco de levantada la "ley seca" en Estados Unidos fundó, con su hermano Julio en 1933, la bodega E&J Gallo que llegó a convertirse la más grande compañía vitivinícola del mundo.

Hoy ocupa el segundo lugar, detrás de Constellation Brands de Nueva York, con una venta estimada de 75 millones de cajas bajo más de 40 marcas diferentes.  Habían comenzado con un préstamo de US$5.900 y una receta que obtuvieron de una bibilioteca pública del pueblo sin prácticamente ningún tipo de conocimiento sobre cómo producir vinos.

Prácticamente, porque ambos se habían criado en los viñedos de la granja de su padre Jospeh, un inmigrante italiano, quien vivía de la venta de las uvas que enviaba a Chicago. Trágico inicio, final millonario.

La bodega fue fundada cuando los hermanos todavía vestían de luto.

Sólo unos meses antes, su padre había matado de un disparo a su esposa, Susie, tras lo cual se suicidó.

En el primer año de producción lograron recuperar el dinero del préstamo e incluso hacer una importante diferencia con US$30.000 de ganancia.

Su objetivo al comienzo fue poner en las mesas de los hogares estadounidenses, vinos de calidad y a bajo precio.

Pero con el tiempo fueron más allá de las fronteras y establecieron un imperio cuyo mercado se extiende hoy por más de 90 países.

Hasta 1993, año en que murió, Julio se dedicó a la fabricación del vino, mientras Ernesto se ocupó de la comercialización.

En el pueblo natal todos los recuerdan como hombres tenaces, trabajadores, implacables en el manejo empresarial, pero extremadamente reservados y enemigos de la publicidad.

Tras la muerte de Julio, Ernest llegó a ser uno de los hombres más ricos de Estados Unidos y fue incluido en la famosa lista de la revista Forbes con una fortuna familiar estimada en US$1.300 millones.