El vino es una de las bebidas milenarias de más consumo en el mundo. Su historia y proceso de producción han dado origen a una interesante cultura que cada vez más deciden estudiar, para convertirse en expertos sommeliers. 

El vino se obtiene de la uva mediante la fermentación alcohólica de su mosto, que se produce por la acción de levaduras que transforman los azúcares del fruto en alcohol etílico y anhídrido carbónico.

Se da el nombre de vino sólo al líquido resultante de la fermentación alcohólica, total o parcial, del zumo de uvas, sin adición de ninguna sustancia.

Hablemos de historia

Las primeras referencias documentadas sobre la deliciosa bebida nos llevan a la antigua Grecia, donde se tomaba mezclado con agua y se conservaba en pellejos de cabra.

A lo largo del tiempo, el vino ha estado presente en toda celebración solemne de carácter social, e incluso ha cerrado la firma de los grandes tratados políticos y de acontecimientos históricos.

Ya en Egipto, Grecia y Roma se adoraba a Dioniso o Baco (dios de los viñedos) y en la Biblia nos hablan del caliz en el que bebió Jesús en la última cena.

Por otra parte, se sabe que en China, hace 4 mil años, ya conocían el proceso de fermentación de la uva, y que en Egipto, en el siglo IV aC, ya conocían la viticultura. Julio César fue un gran apasionado del vino y lo introdujo por todo el imperio romano.

Tipos de vino

VINO TINTO: se elaboran, mayoritariamente, a partir de uvas oscuras; normalmente, la fermentación se debe realizar con el mosto y el hollejo, y sólo una vez terminada (proceso que dura unos 20 días) se procede al descube o sangrado.

El vino tinto se puede envejecer, y en función del tiempo que pase en tonel, barrica y botella, se suele clasificar en:

Joven o Cosechero: entre cero y seis meses en barrica de madera.

Crianza: dos años de vejez, de los cuales, al menos seis meses permaneció en madera.

Reserva: tres años de vejez, de los cuales, al menos uno en madera.

Gran Reserva: cinco años, de los cuales, al menos dos en madera.

VINO BLANCO: se puede elaborar con uvas blancas u oscuras, en este segundo caso, separando el mosto del hollejo inmediatamente, para que no le dé color.

En general, la fermentación se realiza con mosto, separado de hollejos, pepitas, raspones, etcétera, y aunque no es frecuente añejarlo, existen vinos blancos con crianza.