Con una vasta región vitivinícola que se extiende a lo largo de siete provincias, crece el desarrollo de vinos de gran calidad en la Argentina. Mientras la diversidad de climas y la riqueza de los suelos seducen a propios y extraños, cada vez son más los interesados en conocer sobre enología.

 

Aquí­, algunos principios para entender los secretos del buen beber y evitar algunos "problemas" posteriores.

La región vitiviní­cola en Argentina se desarrolla entre los 22º y 42º de latitud sur y se extiende al pie de la cordillera de los Andes a lo largo de más de 2.400 kilómetros. Esto es, desde la provincia de Salta hasta la provincia de Rí­o Negro, con una diversidad de climas y suelos que hacen de cada región un terruño único.

En términos generales, las zonas dedicadas al cultivo de la vid son secas y áridas con un bajo nivel de lluvias y humedad, factor determinante para la sanidad de las uvas. Los abundantes dí­as de sol y la gran amplitud térmica favorecen una buena maduración y concentración de aromas y color en los granos. Los suelos son profundos, permeables y pobres en materia orgánica, cualidades decisivas a la hora de obtener un buen vino.

Debido al bajo régimen de lluvias, el riego se hace necesario. El agua proviene del deshielo de la cordillera de los Andes, que desciende en forma de rí­os para convertirse en canales o acequias.

Sin lugar a dudas, la combinación de estos factores hace de la Argentina un oasis para la elaboración de vinos de la más alta calidad. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer.

La vitivinicultura en nuestro paí­s, tal como se la conoce hoy, tiene una joven historia de un poco más de 10 años. Los avances tecnológicos, las inversiones y algunos empresarios con muy buena visión hicieron posible una progresiva transformación. Para esta nueva etapa que estamos ya transitando, es necesario entonces conocer todos y cada uno de los secretos del vino.