Invención o realidad, se cuenta en Italia que tras la vendimia y la posterior fermentación del mosto, los señores se quedaban con el vino, pero dejaban «generosamente» los residuos (hollejos, pepitas) a los siervos.

Estos, a falta de algo mejor, se conformaban con el vino de baja calidad que podían extraer de aquella masa...

El «aguapié»; sin embargo, en algún momento, descubrieron que por destilación podían obtener una bebida alcohólica, fuerte y basta, pero muy reconfortante. Y así nació la primera grappa. (Esta palabra italiana
viene de «grapa» o «graspa», es decir, los restos que quedan de las uvas tras el proceso de vinificación.)

El cronista añade, maliciosamente, que los «inventores» de la bebida en cuestión debieron de guardar celosamente el secreto de su descubrimiento, temerosos de perder hasta aquellos míseros orujos si sus señores se aficionaban también a la rústica bebida.

En lo que respecta a la historia de los aguardientes existe bastante controversia, tanto en lo que respecta a su antigüedad como a sus orígenes. De hecho, aun después de descubrir que se podía obtener alcohol de los orujos del vino, no se pensó en la posibilidad de convertir éste en una bebida. El interés era de tipo terapéutico y al tratar de conseguir destilados alcohólicos se buscaban sus virtudes medicinales.