El sacacorchos es el elemento más importante de un sumiller - les aseguro que sin éste abrir una botella se convierte en una tarea más que complicada. El arte de abrir una botella  alcanza la categoría de ritual cuando el vino a degustar es de calidad y mucho más cuando la cita tiene cierto carácter protocolario.

Su creación se basa en un utensilio en espiral que era utilizado para extraer las balas del cañón de los fusiles hace aproximadamente cuatro siglos, y su aparición como tal data del siglo XIII cuando comienzan a taponarse las botellas con corcho.

Hoy en día es un utensilio tan familiar y cotidiano que no sólo es utilizado para el trabajo del sumiller sino que si buscamos en el cajón de los cubiertos de cualquier casa encontramos uno.

A lo largo de la historia se han diseñado muchos tipos de los que citaremos algunos:

· Primero fueron los de hélice, también llamados T, que con el tiempo han ido cambiando, ya que al tirar se remueve el líquido.
· Los de doble palanca, de gran belleza y práctico manejo.

· El más común y personal es el sacacorchos que llevamos los sumilleres, llamado de impulso, que casi nunca nos falla.

· Los seguros Screwpulls para la extracción del corcho con el mínimo esfuerzo.

· Los de pared, sin duda los más rápidos.

Ahora sólo queda citar aquellos tipos de sacacorchos llamados especialistas a los que únicamente se recurre en algunos casos:

· El de cava o champagne, con una pinza que agarra el corcho por la parte superior y permite su extracción con facilidad.

· El de láminas, especial para botellas muy viejas.

· Las tenazas para degollar los oportos vintage, en los que la física-química juega un papel muy importante pues han de calentarse las tenazas al rojo vivo, se abraza en cuello de la botella con ellas y al cabo de pocos segundos se retiran y se vuelve a abrazar con una pinza que previamente ha estado introducida en un recipiente con agua fría, con lo que se consigue un corte totalmente limpio.