En general, los estudiosos coinciden en señalar que el nombre de el vino - en griego oinos, en latín vinum, en hebreo wainu - proviene de la cuenca del Mediterráneo y penetra en Asia llevado por los prósperos comerciantes armenios.

Hay papiros del siglo XI antes de Cristo, de la época del faraón Ramsés III, que describen la elaboración del vino en Egipto. Y hasta nombran la cepa preferida por el monarca, llamada kankomet.

Algunos estudiosos insisten en que el nombre de Italia deriva de vit (eit), vitis y la raíz al (alere, nutrir) de donde vitalia sería la región que produce la vid. La teoría no es desdeñable puesto que se han encontrado inscripciones anteriores al latín cuya grafía, pronunciada, resuena con la misma raíz vid.

Por otra parte los antiguos llamaban a la península itálica, Oinotria o Enotria: "país del vino". Y en un mito Enotrios, un héroe de la Arcadia, es el que colonizó la región itálica de Lucania cinco siglos antes de la guerra de Troya. Era hijo de Licaón, rey de la tribu de los lobos y por ello es un dios que une míticamente a los dos antiguos amigos del hombre: El perro y el vino. Hay referencias anteriores, como por ejemplo los babilonios, quienes no tenían una palabra específica para denominar a la bebida sagrada y la llamaban elixir de la vida.