Es una de las casas comerciales más antigua del Marco de Jerez, aunque su origen se sitúa en la ciudad británica de Bristol, donde en el año 1796 nació esta empresa que se ha hecho famosa con el Harveys Bristol Cream, un producto hecho a base de una secreta y exquisita mezcla de distintos vinos que lo han convertido en el jerez más vendido en todo el mundo y el preferido por los anglosajones.


También los jerezanos saben cuál es la sede de Bodegas Harveys, hoy propiedad de Beam Global -la misma corporación que adquirió todos los activos de la antigua Domecq-, que desde hace décadas se ubica en las inmediaciones de la calle Arcos. Sin embargo, este conjunto patrimonial aún es un desconocido para muchos en la ciudad, que están acostumbrados a atisbar sus impresionantes cascos bodegueros y frondosos jardines desde la carretera, pero que no conocen con detalle la joya que descansa tras estos muros.

Ahora, coincidiendo con la apuesta y el empuje que la dirección de Beam Global quiere dar a esta marca en el mercado nacional, las instalaciones de Harveys en Jerez también refuerzan su apuesta por el turismo y por darse a conocer. Y lo hacen dando un paso de gigante con la apertura de un museo del vino que reúne toda la esencia de esta marca y que expone piezas emblemáticas que ayudan al visitante a recorrer de un plumazo la distancia que hay entre aquella primitiva sede del número 12 de Denmark Street, en Bristol, en el siglo XVIII y el Marco de Jerez de nuestros días.

Así lo explicaba el director de Bodegas de Jerez de Beam Global, .gel Lebrero, durante la inauguración del museo el pasado día 5: «Esta bodega aún es una gran desconocida, y queríamos traer a esta ciudad lo mejor de una casa que tiene su origen en Bristol, pero cuyas raíces son jerezanas».

Por eso, para entroncar con la más importante tradición local, el lugar elegido para ubicar este nuevo centro no podía ser otro que el antiguo edificio de ladrillo que antiguamente albergaba los alambiques para la destilación y al que desde hace años no se le daba ningún uso. «Es un edificio muy conocido en Jerez, porque su alta chimenea, sobre la que anida una cigüeña, se divisa desde el centro y es una referencia clara para los jerezanos», explica la jefa de Relaciones Públicas de la empresa, María Eugenia Herrera.

Fue en el año 2006 cuando se llevó a cabo la reforma y reconstrucción de este edificio del arquitecto modernista Hernández Monterubio, que data del siglo XIX y que se encontraba en muy buenas condiciones.

En el se exponen ya piezas únicas -entre ellas copas y botellas de los siglos XVII y XVIII- que desvelan detalles de todo el proceso de producción del vino de Jerez, desde la viña hasta que llega a la botella, pero que también quieren transmitir vivencias, explicar las tendencias y la estética de cada época, o las costumbres que han rodeado a esta bebida. «Se trataba de reunir en un mismo sitio lo mejor de la historia de Harveys», aclara Herrera.

Eso sí, el museo también tiene tintos modernos, y el recorrido que oferta al turista está muy estructurado, con carteles informativos durante todo el trayecto así como las explicaciones de los guías en las distintas fases en las que se divide la visita.

Así, lo primero que se encuentra el visitante al acceder al museo es la referencia a todo lo que se refiere a la viña, la tierra y los lagares. De ahí que se hay recuperado uno de los antiguos lagares de la casa, o que se expongan los distintos tipos de zapatos que se usaban para la pisa de la uva. A ellos se añaden ánforas, espartos e incluso una interesante serie de fotografías antiguas de las labores en las fincas.

La segunda sala, la más espaciosa, es la que se dedica a las tareas de laboratorio o los utensilios más industriales para la elaboración del vino. Este apartado se ubica en la antigua nave central en la que estaba el gran alambique de destilación, y por eso en ella se ha instalado uno nuevo en recuerdo de aquel. A su alrededor se diseminan los llenadores de botellas, los separadores de claras o las pequeñas imprentas para las etiquetas.

Al fondo está la sala dedicada al consumo, la que resulta más elegante, lujosa y llamativa, y en la que se exponen elegantes botellas, copas históricas o decantadores.

Tampoco se puede olvidar la segunda planta, con un diseño más moderno y en la que hay un mirador que ofrece una interesante vista de la exposición. Harveys ha reservado este espacio como sala de catas especializadas o recepciones.