Por Jaime Sanz. Se llama final del vino a la impresión que produce cuando se traga. Además, en general, incluye las sensaciones que siguen directamente al momento de tragar, que también se puede denominar longitud. Es un conjunto formado tanto por las impresiones percibidas por el gusto, como las aromáticas.

 

El estilo y la cualidad del final, así como el tiempo que el sabor permanece en el paladar, dependen del tipo de vino, de su calidad y concentración. Y estos parámetros, a su vez, dependen de la variedad de uva, el terruño, el grado de maduración de las uvas y el método de vinificación y elaboración. Técnicamente es posible «configurar» el final de un vino, influyendo en su concentración, en el alcohol, en la acidez, en los taninos...

No obstante, un vino menor, en cuanto a calidad, por mucho que se le manipule nunca se convertirá en un vino con un final digno de ser recordado.

 

Jaime Sanz

El Mundo del Sumiller

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