En las catas que llevamos a cabo cada mes, observamos con asombro como personas que jamás han asistido a una cata, y que, en muchos casos, se acercan por primera vez al vino, tienen una capacidad sorprendente para detectar aromas, discriminar el sabor, el color, en definitiva: para sentir.

Surge entonces una duda inmediata. Un catador, ¿es tal por poseer una capacidad sensorial por encima de la media, o es fruto de un entrenamiento paulatino y la experiencia?

La mayoría de los profesionales coinciden en que el catador de vinos se hace, no nace. Si al tacto, oído y vista tenemos todos las mismas sensaciones ¿por qué los aplicados al vino, gusto y olfato van a ser diferenciales?

Simplemente aplicando una metodología, toda persona puede ser buen catador de vinos como controlador de la calidad de su consumo.

Quizás tengan razón los expertos, pero a nosotros, no deja de asombrarnos la cara que se le queda a nuestro querido Carlos cuando un aficionado saca a la luz secretos que el vino no muestra a todo el mundo, por mucho entrenamiento que hagamos, que dicho sea de paso, lo hacemos.