Un proceso inflacionario con precios estancados, falta de líneas de financiación, la demanda estancada y la exportación de capa caída. Si añadimos exceso de burocracia, un numero de bodegas creciente en exceso y la falta de adaptación a las nuevas tecnologías, pasa lo siguiente...

 

Hay bodegas que acumulan dos añadas integras sin vender y la hostelería, que hasta ahora agregaba su 75% de margen al vino, ve resentido seriamente su negocio. Promociones, artículos de regalo, tácticas sucias para sacar al competidor del mercado y morosidad creciendo a un ritmo preocupante. Curiosamente, cuando mejor calidad daba el vino español.

Según estadísticas que maneja el sector, los costos internos acumulan un incremento de entre 15% y 22%, lo que socava el beneficio que se obtenía hasta el momento.

Es que, si bien las exportaciones españolas siguen dando un balance positivo en lo que va de año, el ritmo de crecimiento se ha frenado en seco durante el último trimestre.

Chile, Argentina, Australia y Sudáfrica empujan fuerte. En Argentina, crecen a un ritmo de 25% a 30% anual en los últimos años, el país aún aporta sólo 2% del comercio global de vino, aunque produce el 5% del total mundial por lo que es imprescindible mantener precios competitivos.

Otro punto que molesta a los empresarios son las trabas para lograr inversiones que se han frenado en los últimos años.

Total, que hay crisis, y en las bodegas empiezan a temblar antes de que llegue la vendimia, que para muchos, mas que una alegría es un problema.

No es fácil vender, y si eres pez pequeño, más aún.