Cuando compras un teléfono y este no funciona, sueles conocer lo suficiente como para saber si algo va bien o no, reclamar y exigir tus derechos. Si la comida del restaurante está fría o presenta problemas, lo mismo. Sin embargo, ¿qué nos pasa con el vino?. He aquí algunos consejos básicos.

El vino es un ente vivo. Evoluciona en mayor o menor medida, a mejor o peor según su tipología, método de elaboración, conservación, transporte, etc. Por ello, aunque el porcentaje de incidencias es reducido, a veces puede plantear problemas: botellas sucias, una temperatura inapropiada, malos aromas, color inapropiado, etc. Sea cual fuere el problema, una charla con un profesional nos haría llegar a un punto de entendimiento, sin embargo, cuando alguna de las dos posturas se vuelve intransigente hemos de razonar con criterio.

Un vino picado no suele dar lugar a dudas. Las bacterias aerobeas transforman el vino en vinagre haciendo que este desprenda aromas a quitaesmalte o el vinagre a secas. Además, este defecto suele ir acompañado de un corcho que filtró vino hacia fuera.

Cuando el vino presenta sabor a corcho o moho tampoco suele haber lugar a dudas. Conocidos como ?bouchoné? o ?encorchado?, esos vinos se descartan por completo.

En los espumosos puede que la burbuja esté desvanecida o no las presente. Aquí, sin embargo, una vez abierta la botella y transcurridos minutos u horas, la prueba "de razón" se va complicando si nos encontramos en casa. Llevar la botella sin consumir o poco consumida, hará entender a la otra parte que no hay mala intención y la sustitución se hará sin problemas.

Dicho esto, nuestra experiencia nos indica que más del 50% de los vinos desechados, y en torno al 60% en restauración, suelen ser malas elecciones en lugar de problemas del producto. Los principales motivos son:

  • Botella con sedimentos. Es típico que algunos tintos presenten cristales de sal en el fondo. Son precipitados naturales de un vino en evolución, por lo que no hay queja posible al respecto. Aún cuando nos deje la boca con sensación de tener un puñado de arena. Un decantado debería solventar el problema.

 

  • Aromas fétidos. La mayoría de los aromas desagradables, como huevos podridos, se pueden retirar de un vino con una buena aireación. Si al cabo de una buena agitación no se disipa, lo más probable es que haya que cambiar la botella. Nunca antes.

 

  • Astringencia marcada. Los vinos jóvenes ofrecen una sensación de sequedad y bríos en boca que no agrada. Si fuera el caso, no hay mucho que hacer más que apechugar, porque la elección ha sido la errónea.

 

  • El vino quemante. A menudo pasa que nos traen un tinto que quema la boca. En este caso, suele alcanzar con enfriar la botella un poco ?y dejarla en torno a los 16 ºC. Si no cambiase esta sensación con el frío, es probable que la botella sea definitivamente una mala elección. Y no hay mucho que hacer al respecto.

Finalmente, el reparo suele ser mayor en un restaurante que cuando lo compraste en tienda o en gran superficie, pero tus derechos son los mismos. Ya sabes lo que dicen al respecto, el conocimiento nos hará libres, de decidir y como no, de descubrir que "In Vino Veritas".