Existe una barrera de entrada  al vino de los nuevos consumidores motivada por tres factores fundamentalmente: el alcohol, que suele generar una reticencia inicial al paladar, el precio, que hace que los jóvenes prefieran consumir cerveza, y el tercero, la complejidad que acompaña al mundo del vino. Esto hace que el consumo de vino de baja calidad en España esté en mínimos históricos y, a la esperada caída en la hostelería por la crisis, tampoco le da el relevo el consumo doméstico.

En este sentido, según los datos del panel de consumo alimentario para el canal alimentación, publicados por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y analizados por el Observatorio Español del Mercado del vino (OEMV), el consumo de vino en las casas cayó el año pasado el 1,6% en volumen, hasta los 427,7 millones de litros, y del 1,2% en valor, hasta los 1.048,2 millones de euros, mientras que el precio medio crece un 0,5%, situándose en los 2,45 euros por litro.

Lo que sí confirma el panel es una clara tendencia ascendente es la categoría 'otras bebidas con vino', donde el Ministerio incluye las sangrías y 'tintos de verano', que aumentaron en el año 2011 un 17,2% en valor, hasta los 38,27 millones de euros y un 19,1% en volumen, hasta los 53,8 millones de litros. Con respecto a otro tipo de bebidas, el año acabó de forma positiva para las cervezas y la sidra (particularmente en valor) y con caídas relevantes en el caso de espirituosos y zumos.

Estos datos constatan que no son pocos los clientes potenciales que podrían acceder al vino, ya que según estadísticas de consumo de las que dispone Grupo Decantia, son muchos los bebedores habituales que se inician como enófilos gracias a bebidas más fáciles de beber como las reseñadas anteriormente.

Los vinos con DOP se mantienen prácticamente estables en volumen, con 140,7 millones de litros (0,8%, aunque gracias a un mes de diciembre muy positivo) por importe de 518,8 millones de euros y un descenso del 2% en valor. Así pues la gente que bebía vino de calidad sigue bebiendolo , aunque quizás un peldaño más económico de lo habitual.

En nuestra opinión, es difícil aficionar a alguien en este mundo si le entramos por un gran reserva que hay que decantar y cuyo precio sobrepasa los 25 euros. Un blanco o rosado a su temperatura, una sangría (mucho mejor que ese lambrusco diabólico que circula por los lineales de las grandes superficies), o un tinto con gaseosa acerca al consumidor a nuestro ámbito como primer paso para aficionarlo al extraordinario mundo del descorche!

¿No crees?