¿El ocaso del vino español? Las zonas de producción de vino se están desplazando entre 10 y 30 kilómetros hacia al norte cada diez años. El cambio climático, aseguran algunos expertos, lo está cambiando todo. El calentamiento está poniendo el mundo al revés.

¿Nos quitarán la industria vitivinícola los nórdicos y los eslavos? Los especialistas afirman que no. Pero que se hará otro vino.

En el sur de Inglaterra se produce ya vino espumoso y en Dinamarca vino tinto. Desde el principio de la industrialización, la frontera del cultivo de las vides no deja de desplazarse hacia el norte; quienes estudian el cambio climático aseguran que está acelerando el proceso. Incluso en el fiordo de Oslo se cultiva un pinot noir, al que el crítico británico Stuart Pigott le ha dado su visto bueno.

En Alemania, la región vitivinícola se ha desplazado en un par de años del Estado de Sajonia al de Mecklemburg-Pomerania, cuyos viñedos se extienden ya hasta las playas del Mar Báltico. Los bodegueros del sur de Alemania apuestan por las aquí exóticas variedades cabernet y merlot. Hace tiempo perdió validez la idea de que la mejor producción vinícola se ubica entre los paralelos 30 y 50 en ambos hemisferios.

El calentamiento del planeta repercutirá en los estilos y en las denominaciones de origen. Hasta la fecha, la temperatura en las zonas vitivinícolas de calidad ha aumentado una media de dos grados centígrados. Este incremento ha mejorado algunas cosechas, pero a la larga el aumento de la temperatura hará que la uva madure en exceso antes de desarrollar toda la complejidad aromática que requiere un buen caldo. De ahí que en regiones frías y húmedas como en Inglaterra ya se estén produciendo vinos de calidad.

Por el contrario, algunas regiones del Mediterráneo no podrán seguir cultivando las mismas uvas. 'Se optará por variedades más resistentes, veremos nuevos sistemas de conducción y riego, cambiarán las técnicas de vendimia y se introducirán tratamientos y correcciones en bodega', asegura Pancho Campo, presidente de la Academia del Vino de España.


En regiones como Gran Bretaña se fabrica vino de calidad


'El cambio climático es una realidad que no se puede ocultar', señala José Manuel Pérez Ovejas, enólogo de Ribera de Duero. Quien mejor lo sabe es el bodeguero Miguel Torres (Penedés), uno de los primeros en anticiparse a lo está por llegar. 'El secreto de un gran vino está en la tierra y el clima. Pero éste está registrando cambios. La subida de temperaturas y la irregularidad en las lluvias cambiará los vinos españoles', asegura el vitivinicultor.

Bodegas y enólogos buscan fórmulas para frenar sus efectos. Y Torres, quien invierte e investiga desde hace seis años para enfrentarse con éxito al incremento de temperaturas, afirma que sería absurdo no reconocerlo. Obligará a adaptarse. Implicará, probablemente, un cambio de variedades, la modificación de las técnicas de cultivo o el traslado de cepas. Prácticas que pueden alterar las denominaciones de origen. En el caso español, el binomio cultura y vino es un pilar de la imagen de modernidad de España en el mundo.

Las palabras del prestigioso científico alemán Hans-Joachim Schellnhuber, físico del Instituto de Investigación del Clima de Potsdam, suenan lapidarias: 'De España nos podemos olvidar. Tarde o temprano desaparecerá su agricultura convencional'. Los datos del Panel Intergubernamental de Expertos Españoles reflejan que en el siglo pasado se produjo un aumento medio de las temperaturas de 0,7 grados. Hoy este aumento se cifra ya en 0,2 por década y se teme que en este siglo las temperaturas puedan subir entre 1,8 y 4 grados. 'Este calor terminará por perjudicar el viñedo, insiste Fernando Zamora, decano de la Facultad de Enología de la Universidad de Tarragona.

Según Albert Puig, de las bodegas Miguel Torres, está claro que las vendimias se están adelantando y la fruta tiene menos tiempo para madurar. Dice que es posible que en el futuro el parque ampelográfico (de variedades de vid) registre cambios. Es decir que el Chardonnay que se cultiva hoy en la comarca del Penedés (Tarragona) se tenga que trasladar a regiones más altas, al prepirineo catalán (en Lérida). Y que en la Tarragona árida se cultive el Monastril, variedad característica de la denominación de origen de Jumilla.

Torres se está planteando medidas como el cambio de variedades, la búsqueda de zonas más altas o frías, el aumento de la densidad de las plantaciones o mantener todo el follaje de las hojas para evitar la exposición al sol de los racimos. Puig: 'Ya no sacamos las hojas de alrededor de la uva para protegerla del sol y no descartamos usar tipos que aguanten mejor el calor y la falta de agua', explica Miguel Torres, presidente de las bodegas.

Pancho Campo habla de caldos con mayor graduación alcohólica, menor acidez y que probablemente durarán menos tiempo en botella. 'Un vino de calidad necesita maduración lenta', explica. Un pH alto aclara el color de los vinos tintos y hace que los caldos tengan más riesgo de desarrollar microorganismos. Además, la maduración rápida afecta a la calidad del vino.


Las bodegas españolas cultivarán uvas más resistentes


¿Clima templado en Centroeuropa, vino bueno? No, necesariamente, advierte el diario alemán Süddeutsche Zeitung. Las temperaturas extremas no son buenas para la viña. Por otro lado, descenderán las precipitaciones y habrá grandes tormentas, con lo que el suelo centroeuropeo perderá permeabilidad. 'Los vinos alemanes o los noruegos no competirán directamente con los españoles porque aquellos también registrarán modificaciones', afirma Puig.

Pero, habrá un problema de identificación de los vinos, Y la cultura de consumo no cambia de la noche a la mañana. Ésa es la preocupación de los bodegueros, también de los productores de blancos del Rin.

La economía española necesita un giro


'La economía española deberá realizar un gran esfuerzo de adaptación por el fuerte impacto que le ocasionará el cambio climático', afirma el físico alemán Wolfgang Cramer, del Instituto de Investigación del Clima de Potsdam (PIK).

Cramer es responsable del departamento Cambio global y sistemas naturales del PIK y ha coordinado un estudio sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas europeos.

En España registra una fuerte competencia entre los distintos sectores económicos (sobre todo, agricultura, turismo y construcción) por la escasez de agua.

Para este investigador alemán lo más sorprendente del último informe del PIK son los cambios observados en los patrones de pluviosidad (cantidades anuales de lluvia) en las distintas regiones del mundo. Todos los modelos anuncian una caída drástica del volumen de precipitaciones en el Mediterráneo y en el sur de &rica. 'Es de esperar que aumente considerablemente la sequía en la Península Ibérica. Y los costes de conducción y riego aumentarán de tal manera que no podrá competir con países ubicados en regiones climáticamente más favorecidas como Polonia. Esto no quiere decir que la economía española no pueda crecer por el incremento general de la temperatura y el menor volumen de precipitaciones. Pero se deberá reestructurar.'

En el mismo sentido, la organización ecologista WWF predice que gran parte de los países mediterráneos serán desiertos dentro de 30 años.


Morir o adaptar nuevas variedades y técnicas de riego


'Soy optimista y creo que el viñedo tendrá opciones en España, adaptando algunas cosas, y que no hay que ser catastrofistas'. Vicente Sotés preside el grupo de expertos en medio ambiente vitícola y cambio climático de la Organización Internacional de la Viña y el Vino, además de dar clase en la Universidad Politécnica de Madrid.

El cultivo de variedades que se adapten al nuevo clima es una de las posibilidades, a su juicio, aunque ahora se están cometiendo errores. 'Debido a modas se han plantado variedades atlánticas (Merlot, Chardonnay, Pinot) en zonas típicas de variedades mediterráneas que toleran mejor las altas temperaturas (Monastrell, Garnacha)', señala. 'Un gran error porque con el cambio climático se adelantan los estados fenológicos, y, por tanto, las que menos sol requieren maduran en pleno verano cuando apenas hay saltos térmicos entre el día y la noche'.

Tampoco se han aplicado bien, explica, sistemas de cultivo más apropiados para otros climas. 'Las espalderas dejan a las uvas expuestas al sol durante la fase de maduración, lo cual es muy adecuado para Nueva Zelanda, Alemania o Burdeos, pero no para España, donde en agosto se cuecen y pierden sus cualidades'. Como alternativas, sugiere otros métodos que mantengan las uvas a la sombra, como los vasos clásicos o mecanizar la vendimia en espalderas abiertas, tipo sprawl.

El riego tendrá especial importancia en el sur de Europa, pues 'se prevén episodios de lluvia con menos agua en verano, lo cual agrava el déficit que ahora padecen los viñedos'. Para contrarrestarlo, habrá que aplicar tecnologías de control de agua en función de las necesidades de la planta. 'Todavía se riega por intuición', advierte.

La opción más complicada es el traslado de los viñedos, puesto que un ascenso de 100 metros de altitud supone 0,6 grados de temperatura menos, algo que también se consigue con un grado de latitud más.

'Es muy difícil hacerlo a gran escala, por el tejido social, las inversiones de las bodegas en inmovilizados de edificios y viñedos, las denominaciones de origen, etcétera', explica Sotés. En muchos casos no se puede subir más, porque las montañas se acaban. 'Para el Rioja 300 metros es irse a la cumbre de Sierra Cantabria', ejemplifica.