Aquellos que disfrutamos del vino en las comidas, difícilmente renunciamos a ello y compramos vinos más baratos. Quizás bajemos el listón en tiempos de crisis, pero rara vez faltamos a nuestro ritual de vino y tapa. Dicen que la coyuntura económica en la que nos encontramos está beneficiando a los productores de "vino barato", quienes ven incrementada su cuota de mercado frente a los grandes vinos de bodegas consagradas.

El vino barato es más fácil de producir, soporta mejor el transporte pues se suele mover en mayor volumen lo que facilita su paletizado. Además, en su mayoría suele ser joven, con lo que su consumo en la añada de producción permite una rotación más rápida que los vinos de más calidad, con lo que su almacenamiento no suele requerir condiciones tan exigentes. Si a esto añadimos que la mayoría de los consumidores esporádicos confiesan no distinguir entre éste y los vinos de más calidad, encontramos el caldo de cultivo oportuno para que siga ganando adeptos.

Existen falsas creencias o mitos en la red que anuncian que en el sector, algunos productores de postín están empezando a recurrir al tapón de plástico y al Tetra Brik para poder dar salida a sus mejores reservas. Lo dudamos mucho. En nuestra opinión, cualquier bodega que se considere tal, dificilmente tirará su producto,  ya que el mercado exterior consume gran parte de lo que aquí no nos bebemos, y dudo que aquel que tenga paladar sea capaz de cambiar un Cenit por un vino de Tetra Brick, pero en todo caso, es obvio que la crisis, ayudar, no ayuda.

La venta de vino a granel en exportación crece a ritmos muy destacables, y los productos derivados del vino como la sangría o los famosos tintos de verano, siguen incrementando en cifras muy destacables sus incrementos de ventas.

Sea como fuere, debes saber que el coste de un vino no solo viene determinado por la materia prima (no vale lo mismo el kg de uva Tempranillo que la Merlot, lo mismo que no vale igual según la D.O. donde se compre). Además, hay que sumar la mano de obra (vendimia manual seleccionada frente a mecanizada), su envase y embalaje, tapón (sintético, prensado o corcho de calidad), su imagen, la calidad de la botella, el marketing y las estrategias de comercialización.

Además, la producción de la bodega también determina en gran parte el coste, ya que a mayor producción vamos convirtiendo una bodega en una fábrica de vino, desvirtuando, a nuestro parecer, la esencia. Dicho de otro modo, se optimizan costes pero se produce en cadena.

Así pues nos encontramos con que el coste de una botella de vino para el productor (no para el consumidor) puesta en destino puede oscilar entre 1,20 euros y los 10 euros en formatos de gran lujo. Todo lo que suba de ahí, son márgenes de intermediarios, marketing o costes derivados que no siempre están justificados.

Barato no siempre es malo al igual que caro, no siempre es sinónimo de calidad.

Esperamos haber traído luz al asunto.

Salud!