El vino evoluciona con los años. Aprende, se adapta a su entorno y con él, cambia su aspecto. La fase visual de la cata nos muestra estos cambios, que permiten al aficionado distinguir el devenir del tiempo de modo cromático. Todos los vinos tienen una base incolora y otra amarilla. La incolora al paso del tiempo tiende a amarilla y la amarilla a dorada.

 

Los rosados y tintos tienen además un componente morado y rojo que decae, primero el morado y después el rojo.De la conjunción de estas evoluciones puede deducirse la edad. Esto es difícil en blancos, muy fácil en rosados y en tintos en sus cuatro primeros años y difícil a más edad.

Sin embargo, el catador precisa observar el color con cierta cultura enológica de la zona para aproximarse con más precisión. Por ejemplo, en una escala de color de vinos de Rioja:
1984 - 1983 - 1982 - 1981 - 1980, puede parecer el 1984, por deficiente maduración, más viejo que el 83 y el 82 por blancura más evolucionado que el 81. En estos casos aroma y
paladar pueden secundar y complementar los aspectos aromáticos. Pero siempre la mejor orientación en la edad es la del color.