Se sorprenderían si supiesen la cantidad de personas que coleccionan corchos o etiquetas de vino. Los primeros, lo tienen bastante fácil pues este es raro que se estropee. Sin embargo, extraer una etiqueta de una botella se vuelve con frecuencia una misión imposible.

 

Para solventar el problema, los coleccionistas solicitan vía mail o por correo postal a las bodegas o portales de vinos etiquetas intactas para añadir a su tesoro personal, sin embargo, son pocas las bodegas que disponen de tiempo para colaborar.

El no poder extraer la etiqueta no solo incomoda a los coleccionistas, sino también a todos los amantes del vino que cuando degustamos un gran caldo, queremos llevarnos la etiqueta para no olvidar la referencia. En Australia, parece que tienen este fenómeno resuelto ya que las  etiquetas de vinos poseen una parte de la misma diseñada especialmente para desprenderla fácilmente y poder guardarla.

Me da a mi que esto facilitaría la labor de los coleccionistas y como no , de los despistados.

Solo nos falta conocer el coste diferencial de estas etiquetas con respecto a las tradicionales para valorar si tienen futuro y en que gama de vinos se acabará imponiendo.