Es a los blancos lo que el Cabernet Sauvignon a los tintos, el rey entre los cepajes.  Aristocrático y complejo, por su plasticidad se lo cultiva con éxito especialmente en Argentina, desde Salta hasta Río Negro.

 

Por su versatilidad se obtienen vinos frescos para consumir jóvenes y también en importantes bodegas argentinas se lo fermenta en pequeños toneles de roble nuevo, con lo que se logran vinos espesos, densos que pueden soportar hasta cinco años de guarda en botella y adquirir tonos aromáticos de miel y almendras. Es remarcable la riqueza de sus matices frutales, exhibe notas de ananá, bananas, y a veces manzanas, cuando proviene de zonas frías o la uva esta poco madura.

También presenta aromas herbáceos muy sutiles. La variedad Chardonnay es una de las utilizadas en la formula del Champagne, la que le aporta la intensidad de sus perfumes.