Lo primero que debes pensar cuando abres una botella que unos amigos te han regalado, y que les ha implicado gastar tiempo y dinero, debe ser puro agradecimiento.

Esto, el vínculo entre conceptos como la amistad y el vino, hace que durante unos minutos hayan pasado por mi mente un conglomerado de ideas que me hacen reflexionar y que al mismo tiempo si nos las escribo rápidamente se disipan tan rápido como un cubito de hielo en un vaso de té caliente:

El vino además de ofrecernos aspectos sensitivos que nos aporta a través de la vista, el olfato y el gusto es capaz de transmitir muchas sensaciones a veces difícilmente explicables y lejos de cualquier factor meramente físico. Unas veces nos traslada a recuerdos perdidos en nuestra memoria y nos hace, durante un instante, viajar de nuevo a algún lejano o cercano lugar donde disfrutamos de un gran instante, donde como si de un cuadro se tratara, aparece en alguna esquina de esa imagen cerebral una botella de ese vino o de otro que vinculamos con el que estamos bebiendo en el instante actual. Otras veces, es un reflejo de la amistad, que no es poco ¿verdad?. En ocasiones te remite a momentos duros y difíciles pero la vida está llena de ellos y a veces es bueno revivirlos. En otras (esperemos que las menos) no aporta nada salvo una mueca por haber comprado esa botella. A veces, el viaje se produce no a ningún lugar, sino que imbuido por el ambiente, las circunstancias y las emociones puede acompañarnos por un viaje interior a veces necesario de realizar y por qué no, incluso alguna lágrima derramada sobre la copa sin saber bien el porqué. Con todo ello, simplemente quiero reflejar que muchas veces el vino, es más que un mosto fermentado, elaborado y embotellado, mucho más. Puede reflejar amistad, tristeza, alegría, recuerdos, reflexiones,... y como es en este caso puro agradecimiento y amistad.

El vino, las circunstancias que lo rodean, con quién lo disfrutas, puede provocar un viaje por distintas emociones y terminar de completar un momento puntual y convertirlo en inolvidable.

Eso es lo que puede llegar a convertir al vino en un catalizador de reacciones como si de pura química se tratara.

Saludos

Carlos Rodríguez

Roco&Wines