Lo que más se acerca a estas condiciones ambientales son las clásicas cuevas de las casas de campo tradicionales. No todo el mundo tiene a su alcance una bodega de estas características. Es más frecuente una casa de reciente construcción con un sótano subterráneo en el que exista o se pueda habilitar una estancia dedicada específicamente a bodega.

 


Si existiera la posibilidad de construirla, deberá situarse cerca del muro norte, en el que inciden menos los rayos del sol y queda por tanto protegido de cambios bruscos de temperatura. Convendrá también aislar la habitación lo mejor posible de los ruidos, evitando la proximidad de fuentes de calor, como chimeneas, olores, procedentes de despensas o alacenas donde se guarden insecticidas, abonos, pinturas u otros productos químicos.

Para conseguir un nivel aceptable de humedad en el caso de una habitación demasiado seca, un sistema adecuado y barato es la simple colocación de recipientes con agua distribuidos convenientemente. El agua debe renovarse con frecuencia. También se fabrican aparatos humidificadores eficaces, aunque no resultan demasiado baratos.
El suelo de tierra es el más adecuado; absorbe la humedad excesiva y en caso necesario puede ser fuente de humedad mediante un ligero riego. En esta última circunstancia hay que tener cuidado para que no se formen charcos en los que puedan desarrollarse bacterias perjudiciales para el vino. Si no es posible tener suelo de tierra, el mejor sustituto es un terrazo poroso.

Nuestra bodega debe ser oscura, iluminada por una simple bombilla.