La Batalla del Vino de Haro ha vuelto a superar todas las expectativas de público y ha reunido a miles de personas en los Riscos de Bilibio para participar en esta incruenta guerra en la que se han arrojado entre treinta y cuarenta mil litros de este emblemático producto que ha dado fama a la localidad. Solo en esta ocasión, el Ayuntamiento de Haro ha llegado a repartir seis mil litros de vino entre los asistentes, llegados de toda España.

 

Los romeros-guerreros, ataviados con vistosos atuendos, han vuelto a utilizar como armas arrojadizas del vino desde las tradicionales botas hasta sofisticadas sulfatadoras, algún garrafón y diversos recipientes de plástico. La batalla, como es habitual, se ha iniciado instantes antes de que el "grueso del ejército" llegase a los Riscos de Bilibio, una peñas que guardan el paso de un estratégico desfiladero sobre el río Ebro, que ahora separa La Rioja de Castilla-León y el País Vasco.

Numerosos "francotiradores" apostados a ambos lados del camino se han dedicado ya desde ese momento a lanzar los primeros rastros de vino a los contendientes, instalados en sus carros engalanados con adornos y ramas de chopos y en sus coches de segunda mano pintados para la ocasión, en dirección a las la campas.

La Batalla del Vino conmemora una vieja tradición que tiene como escenario los Montes Obarenes. Allí, las autoridades locales y la Cofradía de San Felices colocan el pendón de la ciudad de Haro para dejar claro que este lugar es de los vecinos de la localidad. Esta tradición se remonta a los pleitos entre los vecinos de Haro y los de la vecina ciudad de Miranda de Ebro por la posesión de estos Riscos, cuya propiedad, según una sentencia del Reino de Castilla en 1290, tiene que reivindicar la localidad riojana cada 29 de junio, festividad de San Pedro, ya que, de no hacerlo, pasarían a posesión del municipio burgalés.

Fue a finales de la década de los cuarenta del presente siglo cuando los romeros que acudían a cumplir con el rito iniciaron, como diversión, los primeros escarceos de "tirarse" vino a la cara y las ropas para terminar en toda una "batalla", aunque de tonos jubilosos y fraternos entre "guerreros".

Fuente: larioja.com