Bajo los grandes árboles de la centenaria casa de la Viña Concha y Toro, que cerró con palabras de agradecimiento la baronesa Philippine de Rothschild. El último en despedirse de ella es el embajador Mariano Fontecilla, director de la viña y quien además ostenta uno de los pocos títulos nobiliarios locales, el de Marqués de Casa Concha, el legendario Melchor Concha y Toro.

Concluye otro evento más en la celebración de los diez años de Almaviva, la viña creada por la alianza entre los protagonistas de las industrias vitivinícolas de Francia y Chile, y que desde sus viñedos en Puente Alto elabora el vino más caro de nuestro país.

El sol sigue pegando fuerte en Pirque, en uno de los días más calurosos del año. La baronesa acepta un vaso de agua, que luego mira con desagrado cuando se percata de que trae cubos de hielo. "No estamos en América", comenta aludiendo al norte del continente y revelando al mismo tiempo la tremenda sintonía que siente con Chile. Espontánea, habla con entusiasmo de la estrecha relación que ha forjado con las familias Guilisasti y Larraín, los controladores de Concha y Toro, sus amigos desde que vino por primera vez al país en 1996.

"Vine mucho antes de que siquiera existiera el vino Almaviva, para saber si éramos capaces de entendernos bien con nuestros socios chilenos. Me reuní con las familias Guilisasti y Larraín, sentí que tenían esas ganas de elaborar, a través de un joint-venture, un vino muy especial, único en Chile y sigue siéndolo. Las cosas en la vida funcionan cuando alguien tiene ganas de hacerlo", recuerda.

El resultado fue este proyecto desarrollado según el concepto del chateau francés -un viñedo, una bodega y un equipo humano dedicado exclusivamente a un solo vino- y que además fue el primer producto no francés que comercializaron los reconocidos brokers internacionales Negociants de Bordeaux, catorce de los cuales acompañaron a la baronesa en su visita de cinco días.

Es que la familia Rothschild tiene un sitial de honor entre los productores de vinos más finos del mundo, luego que a mediados del siglo XIX incursionaran en esta industria con el peso de ser uno de los grupos con más influencia en las finanzas, negocios y sociedad de Europa. Una posición que mantienen plenamente desde sus viñas de Bordeaux, como lo refleja incluso la etiqueta de la nueva cosecha del vino Ch"teau Mouton Rothschild, adornada con una acuarela pintada por el príncipe Carlos de Inglaterra, acontecimiento que Philippine de Rothschild anunció a comienzos de ese año.

-¿Qué balance hace de los 10 años de esta alianza con los controladores de Concha y Toro?

-Esa pregunta está totalmente superada, porque los Guilisasti y los Larraín han llegado a ser mis amigos. Cuando llegué en 1996, yo sabía que Concha y Toro era una viña muy importante, que cotizaba en bolsa y que en volumen producía más que nuestra empresa y temía que podría haber un cierto desequilibrio. Por eso, al principio tuve la falsa idea de que esta relación podría ser un poquito abstracta, pero Concha y Toro es una gran compañía que al mismo tiempo tiene características de una empresa de estilo muy familiar.

Me encontré con Eduardo Guilisasti, sus hijos, con Alfonso Larraín, que tienen el mismo tipo de familia que en Europa y la estructura a la cual estoy acostumbrada.

"Tal vez haya algo de corrupción, pero no es como en otros países"

-¿Cumplió Chile con las expectativas que se fijó al decidir dar un segundo paso fuera de Francia luego de California?

-Absolutamente. Nuestros enólogos vinieron a mirar el terroir, y yo, aunque no soy enóloga, sentí que había un potencial en el país. Chile tiene toda la potencialidad para hacer grandes vinos. Recuerde que Santiago está a la misma distancia de la línea del Ecuador de la que está Bordeaux.

-¿Cómo ve el potencial y rivalidad que ofrece la creciente producción de vinos de Argentina?

-En Argentina, como en otros países, hay buenos vinos. Pero en general las viñas en Mendoza están en lugares más remotos, mientras aquí están más cerca de la ciudad y es parte de la civilización. Lo más interesante en un vino es que sea parte de una cultura.

-¿Cuál es su impresión general de la evolución chilena en estos 10 años?

-En relación a otros países de América del Sur, uno ve inmediatamente que es un país sólido en su economía e industria. Tal vez haya algo de corrupción, pero no es como en otros países en los cuales la corrupción ha matado esta actividad. Pienso que Chile tiene una dosis de dinamismo extraordinario y por eso estoy muy contenta, porque me siento segura y puedo tener confianza, eso es sumamente importante en estos tiempos.

-El gran desafío de la industria del vino en Chile es mejorar la calidad. ¿Qué camino debe seguir?

-Suele pasar mucho en los países emergentes que los problemas estén más bien en las plantas mismas, en los viñedos, y en la forma en que se tratan. Por ejemplo, en California, más que aprender el tema de la vinificación, que es bastante más complicada, lograron aprender la forma en que se cuida y se trata el viñedo. Sería fantástico que eso se hiciera en Chile.

Planes en Chile: "sería un error de gestión estar siguiendo más cosas a la vez"

Junto con su participación del 50% en Almaviva, a través de Baron Philippe de Rothschild (BPHR) abrió en 2003 una filial del mismo nombre también con base en el valle del Maipo y cuyo producto emblemático es "Escudo Rojo".

-En los últimos años han surgido nuevos valles para producir vinos. ¿Le interesa explorar esas oportunidades?

-No por el momento. Ya tenemos dos actividades en Chile: la alianza con Concha y Toro en Almaviva donde estamos haciendo un gran vino, y una bodega en el valle del Maipo; la viña Baron Philippe de Rothschild, que hace un vino prestigioso como Escudo Rojo, junto a distintos tipos de vinos, bastantes viñedos y una tremenda actividad.

-¿Piensa crecer en Chile?

-No hay que andar corriendo detrás de todo, sería un error de gestión estar siguiendo más cosas a la vez. Estoy muy contenta, creo que todo el desarrollo ha sido algo mágico, e incluso en Francia encuentran increíble que esté haciendo una operación en un país tan lejano como Chile.