El Ejecutivo comunitario aprobó el proyecto legal para reformar el sector del vino, que mantiene el presupuesto para apoyar al sector (1.300 millones de euros en la UE), aunque cambia la forma de repartirlo y ofrece primas para fomentar el abandono de viñas en zonas menos competitivas. La reforma plantea la supresión inmediata de ayudas actuales, como los apoyos al mosto, la destilación de crisis o la destilación para alcohol de uso de boca (utilizado como materia prima por las industrias de brandy).

 

Bruselas tiene como objetivo reestructurar el sector, hacerlo más fuerte y ofrecer una salida a los viticultores que no pueden competir, mediante ayudas para promover el arranque voluntario de 200.000 hectáreas, en cinco años, lo que supone el 6% de todas las viñas de la UE (3,4 millones de hectáreas). La Comisión propuso que los Gobiernos puedan frenar el arranque si supera el 10% de sus viñas y que lo limiten en zonas montañosas o con problemas medioambientales.

Pretende que pasados esos cinco años, se liberalice el cultivo y en 2014 se supriman los derechos de plantación que actualmente restringen la superficie de viñedos. Con la propuesta de hoy, Bruselas reduce a la mitad sus expectativas sobre el abandono respecto al documento que dio a conocer hace un año (400.000 hectáreas) y que suscitó el rechazo de una mayoría de países.

Dentro del presupuesto para la OCM, Bruselas propuso que una parte sea para financiar el arranque y otra vaya a "sobres nacionales" que los Gobiernos de cada país distribuirán según su criterio, para medidas como la cosecha en verde, la promoción o la prevención de crisis. Por otro lado, la Comisión propuso prohibir el añadido de azúcar al vino, conocido como la "chaptalización", según explicó la comisaria.

Asimismo, Bruselas plantea mantener la prohibición a las importaciones de mosto para vinificación y la mezcla de vinos de la UE con caldos de países terceros. El Ejecutivo comunitario quiere simplificar el etiquetado, estableciendo una regulación que se aplique a todas las categorías de vino. Esto implica más flexibilidad y suprimir la distinción actual entre las reglas sobre las etiquetas de vinos con y sin denominación de origen, para que en las botellas de todos los caldos pueda incluirse la variedad y la añada y no sólo a los que cuentan con esta denominación.