Por Verónica Giuliani. Lograr un espacio funcional, atractivo y original, parecen ser algunas de las las principales premisas actuales, a tener en cuenta cuando hablamos de Bodegas y enoturismo. Las tendencias van cambiando y hoy vemos una clara presencia del turista en el mundo del vino.

Turista interesado por saber y por descubrir lugares y experiencias novedosas. No hay una sola forma de alcanzar el objetivo, esto depende pura y exclusivamente de cada caso en particular y de lo que cada emprendedor busca a la hora de ofrecer su servicio y su producto. No hay dudas de que la arquitectura hoy ocupa un lugar clave en los desafíos actuales. Hoy las bodegas buscan ser funcionales pero a la vez abren sus puertas al turista y necesitan de un espacio adapatado a este nuevo servicio.

Lugardelvino entrevistó a Eliana Bórmida, socia del Estudio de arquitectura Bormida & Yanzon, ubicado en Mendoza; autores del espacio Killka de Bodega Salentein, lugar que conjuga el vino y el arte generando sensaciones placenteras. Visualmente es algo que impresiona, atrae, deslumbra. El espacio natural envuelve a Killka y logran mimetizarse de una manera mágica. Además de desarrollar este proyecto tan novedoso, han trabajado en aproximadamente veinte Bodegas.

Frente a esta realidad en donde se mezclan la necesidad de plantear un lugar funcional y a la vez un atractivo turístico que incluya diferentes espacios ¿Qué cosas se tienen en cuenta desde la Arquitectura para lograr un espacio integral? 

Las nuevas bodegas son un desafió  en cuanto hay que resolver de manera integral y a la vez diferenciada  un buen funcionamiento enológico  y espacios para el turismo.  Hay distintos modos de resolver este problema y siempre depende de criterios que se adoptan en cada caso con los propietarios y el enólogo.
En primer lugar hay que entender que la bodega es una industria y debe ser utilitaria y eficiente, no un capricho escenográfico. Con respecto al turismo,  hay que definir cuánta importancia se le va a dar, que aéreas se permitirán visitar,  que servicios se brindarà y  estimar una afluencia de personas.  Estas premisas orientan al proyecto de arquitectura.  Hay bodegas donde se visita la mayor parte de las áreas de producción y casi no hay lugares exclusivos para los visitantes; hay otras, en cambio, donde sólo se entra a la cava y los espacios de sociabilidad son independientes y muchas veces bastante grandes.  En todos los casos el arquitecto debe trabajar una expresión que sea coherente con la imagen de la marca, analizando que oportunidades especiales le ofrece el lugar, los recursos disponibles, la filosofía de la empresa, etc.

¿Cómo se plantea la relación del paisaje con la bodega? 

Es muy importante que la arquitectura se piense relacionada  con el entorno, para potenciar su imagen inserta en la naturaleza.  El buen vino empieza con el manejo del viñedo y termina en la bodega, por tanto todo el espacio debe expresar alta calidad.  La arquitectura de bodega es eminentemente paisajista.  En Mendoza nos interesa que la montaña sea protagonista, porque con su sola presencia da base a un discurso de pocas palabras.  Al verla se hilvana fácilmente el argumento de nuestra vitivinicultura, ubicada en  tierras áridas, regadas con agua de deshielo. El paisaje regional comunica rasgos diferenciadores, de identidad, y eso es muy bueno para afirmar al producto en la memoria.

Los clientes que su estudio ha tenido, en lo que respecta a bodegas ¿Han sido en general extranjeros o argentinos? ¿Qué conclusión sacaría de ello? 

Hemos tenido clientes argentinos y extranjeros, quizás más extranjeros, porque   Mendoza ofrece muy buenas condiciones para desarrollar proyectos vitivinícolas: excelentes tierras, costos competitivos, profesionalismo enológico, tradición en el tema, mano de obra, estimulo a la creatividad y posibilidades de innovación, buena inserción en las redes del mercado global. Creo que hoy las mentalidades se van acercando.  Hace diez años las diferencias eran muy marcadas, sobre todo en la voluntad de invertir en arquitectura, paisajismo  y turismo.  Otros temas que hoy  interesan en especial a los extranjeros son: la sustentabilidad, el ahorro energético, el respeto al medio ambiente, la conservación de la flora nativa y del patrimonio cultural. Quieren aportar a crear una imagen regional de identidad, dentro de la cual construir sus propias marcas.

¿Existe una evolución en la arquitectura relacionada con bodegas y emprendimientos turísticos del vino, ya sea desde la iniciativa del cliente como así también de parte del arquitecto que intenta sintetizar el pedido en un lugar físico agradable? ¿Cómo la describiría?

Si, se está en constante evolución.  Hoy es cada vez más frecuente que se anexen alojamiento y gastronomía. Pueden ser un par de suites para periodistas enológicos e invitados especiales o bien paradores, posadas, resorts u hoteles.  Hay una gran cantidad de estos proyectos en danza.  Los lugares para comer y tomar vino también responden a tipos muy variados.  Se está armando una red interesantísima de ofertas y servicios.  Ojalá alguien esté mirando este fenómeno con una visión de conjunto como para armar buenas rutas del vino a nivel internacional.

Con respecto a Bodega Salentein y el espacio Killka. ¿Cómo fue la experiencia de generar un espacio innovador en la zona? ¿Qué conceptos se tuvieron en cuenta para el proyecto? ¿Cuál fue el pedido del cliente en este caso en particular?

La relación arte y vino hoy es un "must" en varios lugares del mundo, y se da de diferentes modos. También es muy frecuente la creación de centros de visitantes, que reciben, informan y entretienen, como complemento de la típica visita a las bodegas.  En el caso de Killka, en el Espacio Salentein, el desafío fue crear un lugar de encuentro donde entonces casi no existía nada, para albergar una importante colección de arte argentino contemporáneo y un buen restorán apuntado al turismo.  El proyecto enriqueció este pedido del cliente con otras funciones anexas, como un centro de interpretación con un pequeño auditorio, un gran salón de usos múltiples , el salón de recepción, un patio  de esculturas y varias galerías para estar.  Pero lo más importante fue el desarrollo paisajístico del conjunto, que enlaza la bodega, Killka y la capilla.  El recorrido pone en valor la naturaleza del Alto Valle de Uco y es emocionante.

¿Qué otros proyectos de bodegas realizó su estudio? ¿Cuál fue el objetivo de cada uno?

Hemos construído cerca de veinte bodegas, desde intervenciones en  plantas existentes, algunas muy tradicionales, como Norton, Flichman, Navarro Correas,  pasando por trabajos de reforma y ampliación en otras antiguas, más pequeñas pero igualmente interesantes, hasta bodegas totalmente nuevas.  Siempre hemos trabajado en equipos interdisciplinarios y con los propietarios, buscando hacer cosas distintas y representativas en cada caso. 

En cuanto a tendencias arquitectónicas, ¿Cómo definiría las tendencias más comunes en Bodegas argentinas, comparándolas con tendencias en contrucciones de bodegas europeas?

Pienso que en todos lados hoy se busca hacer buena arquitectura de bodegas, con diseño y paisajismo. Mendoza es una más de las regiones vitivinícolas del mundo y se diferencia en especial  por sus paisajes, también quizás por sus materiales, sus sistemas constructivos y las propuestas de diseño que hacemos los arquitectos en función del clima y el sismo.  Pero en todas partes hoy se busca originalidad y alta calidad de arquitectura.