Por Martín Contreras. Lugar del Vino entrevistó a Arnaldo Etchart (hijo), miembro de una de las familias más emblemáticas de la vitivinicultura argentina, quien nos comentó acerca de la historia y las proyecciones de San Pedro de Yacochuya.

San Pedro de Yacochuya es una bodega productora de impactantes vinos, ubicada a 2000 metros sobre el nivel del mar en la provincia de Salta, en el NO del paí­s.

¿Se puede decir que estamos ante los pioneros en la búsqueda de la calidad internacional de los vinos argentinos?
Al menos de Salta, seguro.

¿Fueron de los primeros en buscar un asesoramiento internacional?
Eso sí­, hace ya unos 20 años atrás cuando nos contactamos con Mitchell Rolland (en 1988).

¿Cómo surge la necesidad de esa búsqueda?
Surgió porque en la bodega de Cafayate hací­amos prácticamente un 80% de Torrontés. El Torrontés andaba muy bien en el mercado interno, se comenzó a exportar a Europa, al norte principalmente, donde el vino tuvo muy buena aceptación. Los compradores pidieron unas muestras de vinos tintos las que anduvieron bien. Entonces mandamos un contenedor, este fue devuelto entero ya que los vinos llegaron con problemas técnicos. Fue ahí­ que Arnaldo Etchart (Padre) luego de una reunión con el equipo técnico, y convencido de que la solución no la encontrarí­a en el paí­s, comenzó con la búsqueda de un asesoramiento internacional, más precisamente alguien de Francia donde sabí­a que se hací­an buenos vinos. Así­, comentando la intención a quienes comercializaban sus vinos en Nueva York surgió el nombre de Mitchell Rolland, un francés que trabajaba mucho en el laboratorio y un apasionado por los vinos. Por ese entonces Rolland ya no sólo se ocupaba de sus viñas en Pomerol sino que se encontraba prestando sus servicios en California, en la bodega SIMI.

Sin tardar Arnaldo Etchart habló telefónicamente con Mitchel Rolland y en una conversación de 30 minutos en la que no se entendieron del todo, dado la confrontación entre los idiomas español y francés, le bastó para que Rolland comprendiera que en la Argentina también se hací­an vinos y necesitaban de sus servicios.

¿Qué esperaban de Rolland?
Básicamente aumentar la calidad de los vinos tintos. Cuando llegó junto a su esposa, allá por julio de 1988, le encantó el lugar y el desafí­o más aún. Cuando conoció el lugar declaró "con un paisaje así­ no pueden salir más que excelentes vinos". Comenzó a trabajar las 250 hectáreas, de aquel entonces, dividiéndolas en parcelas con la intención de elaborar los vinos por separado. Algo que no hací­amos nosotros por entonces. Y se comprometió en volver en febrero del ˋ89 cuando comenzarí­amos con la cosecha. Trabajó con nosotros en la cosecha hasta la obtención de los caldos y recién volvió en julio para controlar la evolución de los vinos, donde prepararí­a los cortes. Para ese entonces le preparamos unas diez muestras y se quedó con dos malbec, una de la Finca Florida y otra de Yacochuya. Hasta entonces nosotros sólo tení­amos a Yacochuya como un lindo lugar donde se producí­an sólo 8 hectáreas y cuyo vino se perdí­a con los caldos obtenidos de 70 hectáreas de uvas tintas. Recién a partir de ese momento comenzamos a ver al antiguo viñedo de Yacochuya como cuna de tintos de calidad, a tal punto que en 1996 cuando la bodega Etchart es vendida a la multinacional Pernot Ricard, Yacochuya queda fuera del paquete de la venta y es hoy la única finca que explota la familia.

¿Esta era la primera vez que Mitchell Rolland probaba el Malbec argentino?
Sí­, fue la primera bodega que asesoró en el paí­s. A partir de 1999 empezamos a trabajar juntos San Pedro de Yacochuya. A partir de entonces somos socios y amigos, a tal punto que en marzo de este año Mitchell festejó los 20 años en la Argentina y lo hizo precisamente con una fiesta en nuestra bodega de Salta.

¿Cómo se dividen las acciones comerciales de la bodega?
Desde un primer momento estamos enfocados en 50% en el mercado externo y un 50% en el mercado interno. Competir afuera siempre es seductor, permite medirnos con grandes vinos de distintos paí­ses. El mercado interno es muy competitivo, en Argentina el consumidor se está capacitando, estamos en medio de una gran movida gastronómica y turí­stica donde vemos que es muy bueno estar.

¿Cuál es planteo de la bodega ante el crecimiento del enoturismo?
Hace un año solamente que nos abrimos al turismo. Cafayate es un centro turí­stico de la Argentina, precisamente hay un circuito muy concurrido el del Valle Calchaquí­ que pasa por nuestra puerta. Yacochuya está a unos 2100 msnm, unos 300 ms más arriba que Cafayate,  un verdadero balcón hacia los valles, un paisaje único e impactante. Pero somos muy celosos de nuestros vinos, tenemos una producción muy limitada sólo unas 70.000 botellas por año, estamos abiertos a visitas por los viñedos y bodega pero no descorchamos botellas para degustación sólo las vendemos, nos cuesta mucho obtenerlos y nos esmeramos en la búsqueda de la excelencia por eso valoramos nuestros productos.

A lo largo de todo el mundo personajes como Mitchell Rolland han sumado adeptos y detractores, aumento de calidad, "globalización" en el mundo vino, temas que dan mucho para hablar. Lo que es indiscutible es la sinergia que han producido en pos de una lucha por la calidad que ha hecho que la Argentina sea conocida a nivel internacional y fue precisamente la familia Etchart una de las primeras en preocuparse por esa búsqueda de caracterí­sticas en sus vinos para que fueran aceptados en los mercados foráneos más exigentes.
Personalmente espero que esta competencia continúe, los apasionados por los vinos estaremos de para bienes.

Desde Argentina. Martí­n Contreras.