Si tiene interés en acercarse al fantástico mundo del vino, hoy le presentamos dos propuestas francamente interesantes. Se trata de "La guía del vino", de Fiona Sims, y de "Saber elegir y disfrutar un buen vino", de Rafael Arango, editada por Practilibros. Ambas coinciden en una idea: el conocimiento sobre el tema es cada vez menos elitista y que las personas que quieran disfrutarlo pueden acercarse sin miedo a experimentar.

 


Pero, como todo, ese "nuevo mundo" para algunos, también tiene sus reglas. Una guía de vinos que se respete tiene siempre algo de historia: la descripción de cepas o uvas, recomendaciones sobre cómo leer la etiqueta de un vino y algunas sugerencias para maridar vino y comida. Las diferencias están en los detalles.

A continuación, algunos temas que pueden encontrarse en las guías, como maridajes difíciles y lenguaje de las copas.

Maridajes complicados

La guía del vino, de Sims, da las recomendaciones de rigor sobre ese arte de encontrar el vino que se disfruta mejor con cada comida, pero también tiene un interesante capítulo sobre los alimentos complicados de maridar. Es más, en algunos casi pide desistir de intentarlo. Estos son, entre otros: el vinagre, dice Sims en su libro que "adereza los encurtidos de maravilla y en cambio no casa con la mayoría de los vinos". Sugiere, en caso de insistir en combinarlos, utilizar en el plato el vinagre más suave y menos ácido posible.

Ahumados: en este punto, pide renunciar a comer arenques con vino. En cuanto a otros pescados ahumados sugiere probar con champaña. Y si se trata de carne, solo hay que buscar el equilibrio buscando un vino fuerte.

Yogurt: no queda con casi ningún vino.

Huevos: caso imposible, a menos que lleven una salsa. Y lo que se buscará en este momento será la combinación entre el vino y la salsa. Aunque afirma que los vinos blancos, como el chardonnay, van mejor con los platos a base de huevo.

150 tipos de uvas son aptas para vinificar. Un número pequeño si se tiene en cuenta que hay unas 24 mil variedades.

Conozca lo que dicen las copas, por su forma

En Saber elegir y disfrutar un buen vino, dice Rafael Arango que el objetivo es "que, con una lectura de 45 minutos o una hora, una persona tenga acceso a las nociones básicas del vino, sin enredarse o confundirse". En ella se enseña, por ejemplo, en qué debe uno fijarse cuando le sirven vino en un restaurante.

Arango habla del lenguaje de las copas: "Cuando una copa se toma por la base, se llama de la manera enólogo (experto en vinos); cuando se toma por el tallo o fuste, es la manera de un conocedor y yo llamo 'la manera del chichero' al hecho de tomarla por el caliz". Es decir, es preferible no tocar el cáliz. Según Arango "no es una cuestión de temperatura, sino de estética del cristal, de empañamiento, de mugre, de la grasa que se lleva en la mano y que impediría observar el verdadero color del vino". Hay que recordar que el vino se examina de tres maneras: visual, olfativamente y por el gusto.

Sin embargo, hay defensores de esta forma de coger la copa -reconoce el experto-. La compañía de copas más famosa del mundo, Riedel, sacó una en la que eliminó el tallo y el cáliz, quedó como un vasito, con un vidrio más grueso para no pasarle el calor. Pero no tuvo mucho éxito. A la gente le gusta el glamour de la copa tradicional".

El autor resalta tres cosas: la copa grande de boca ancha es para el vino tinto; este necesita más contacto con el oxígeno, para evolucionar bien. Segunda: la copa más pequeña y cerrada va con el vino blanco. Tercero: la copa en forma de flauta es para los vinos espumosos, como la champaña.