Aperitivo viene del latín aperire, o "abrir": un estimulante del apetito. Es casi comparable -caninamente- al efecto que hacía una campana en el oído de la mascota de Pavlov. Volviendo al terreno de los homo sapiens, los aperitivos nos limpian el paladar y nos desconectan del trajín del día y sirven de preludio para una buena comida.

Acompañan la conversación antes de pasar a la mesa, porque ¿A quién le gusta conversar con hambre?. Los aperitivos pueden ser muy variados: vino, champagne, tragos, licores o combinaciones de éstos. Los sabores amargos son muchas veces claves para obtener un buen aperitivo; y por el contrario, los dulces constituyen antiaperitivos.

La mayorí­a de los especialistas opinan que licores muy alcohólicos son un aperitivo contraindicado, y sostienen que el vino es el mejor de los aperitivos. Como en todo, es cuestión de preferencias y hábitos personales.

¿Cuáles aperitivos?

En vinos, la costumbre general nos inclina hacia los blancos y los rosé" helados" como también algún jerez seco. Los vinos espumosos y el champagne hacen excelentes aperitivos, y son los favoritos cuando se trata de alguna comida de celebración. Por último, está la vastí­sima categorí­a de aperitivos en base a cocktails. En lo posible, deben ser refrescantes y livianos; buenos ejemplos son aquellos clásicos en base a vodka, gin y tequila.

Los tragos de aperitivos, así­ como los bajativos, se sirven en distintos tipos de vasos, según lo ha venido estableciendo una suerte de "protocolo" de la barmaní­a. OJO con la cantidad de aperitivos, pues podrí­a ocurrir que entre éstos y el picoteo adjunto, se logre el efecto contrario a su nombre, es decir, que inhiban el apetito, contaminen el paladar y saturen el estómago.