Las opciones para almacenar botellas son variadas y casi todas válidas. Desde unas simples estanterías metálicas desmontables hasta costosos botelleros de madera, pasando por materiales plásticos, mampostería e incluso unos caros botelleros de metacrilato o de piedra volcánica. Es recomendable no almacenar las botellas en cajas de cartón, ya que con el tiempo se deterioran y podrían contaminar el vino.

En bodegas con humedad alta no interesan los muebles de madera porque tarde o temprano acaban siendo atacados por la humedad y se deterioran. Las estanterías metálicas dan menos problemas, pero se oxidan y no son estéticamente atractivas, si bien es cierto que esa oxidación del metal no afecta en principio al vino. En estos casos, los botelleros de mampostería, de barro cocido o de arcilla son los más eficaces.

Tampoco es apropiado el clásico barrilito de madera. No es más que una fuente de problemas; necesita estar siempre lleno para que la madera no se reseque y se abran fisuras entre las duelas y es complicado limpiarlo. La experiencia nos sugiere que estas pequeñas barricas no se vacían completamente de una sola vez, sino que se van extrayendo cantidades pequeñas de vino, dejando un vacío en los recipientes. Como no es fácil crear una atmósfera inerte, el vino se oxida e incluso se avinagra, creando un nido de bacterias difícil de erradicar.