Por Carlos Rodríguez. En los últimos años, y cada vez de forma más extensiva, el llamado afinamiento en botella del vino para alcanzar el momento idóneo de consumo se está dejando en manos del consumidor final en lugar de la bodega elaboradora.

Es una cuestión no diría que preocupante pero sí lejos de toda lógica.

¿Qué sentido tiene lanzar al mercado un vino que necesita pulir al menos durante 3 o 4 años? ¿Dan por seguro las bodegas que todos sus clientes conocen dicha situación y , de conocerla poseen lugar en sus casas para realizar una buena guarda?.

Este hecho se produce no sólo en las denominaciones principales sino en prácticamente todas las denominaciones de este país, y tanto en vinos blancos como en vinos tintos.

Cada vez más adquirimos vinos pensando en guardarlos unos cuantos años, y no por el hecho de que posean una buena evolución con el paso del tiempo, cosa totalmente distinta al afinamiento mínimo, sino que sabemos que abrir ciertos vinos cuando son recién adquiridos implicará un no disfrute del mismo y que hasta que pulan ciertas aristas no podremos obtener de ellos todos sus matices. Con lo que volvemos a lo del principio: es el cliente final quién realiza la crianza en botella en su hogar.

Pero, me pregunto: al adquirir un vino de media-alta gama o alta gama, pagar un alto precio por él ¿no debería el vino en cuestión estar al salir al mercado en un momento óptimo de consumo? Probablemente, más de una bodega nos contestaría que si ha salido al mercado es que ellos consideran que está en un momento óptimo pero, no nos llevemos a engaños todos sabemos de muchos vinos que compramos y que debemos por obligación guardar unos años.

Es una situación que cada vez se produce con más frecuencia, el mercado prima y el marketing también y ninguna bodega quiere quedarse atrás pero la lógica dicta todo lo contrario.

Roco&Wines