Su pasión por coleccionar botellas de licor en miniatura se inició cuando tenía 15 años. Era estudiante del colegio Benigno Malo, de Cuenca, y sus amigos le regalaron botellas que trajeron de Cuba. Esta afición se consolidó cuando Rodrigo Segarra (1951) estudió Economía en Chile. De este país y de Argentina trajo 80 botellas de vino. ¿Eran baratas?.

 

También lo hizo cuando viajó a EE.UU., Panamá, Uruguay, Perú, Colombia... Este cuencano, durante cuatro décadas, ha atesorado 700 botellas de todas las variedades de licores.

Hay aguardientes, vinos, whisky, cremas, rones, cervezas, tequilas, vodkas... Tiene de varios paí­ses como de Israel, Rusia, Egipto... y de actos como el Mundial de Argentina 1978.

Todas las botellas se exhiben en una vitrina que Segarra copió de un coleccionista alemán y la ubicó en el comedor de su hogar. Este espacio está prácticamente saturado.

Cada año le regalan o compra unas 10. "Ahora son muy costosas". Tiene cremas Bols en botellas de cristal que llevan figuras de animales. Hace 25 años las adquirió en USD 25, "ahora valen USD 150 cada una".

De su colección, Segarra guarda su preferida: una botella que elaboró la empresa cuencana Ron San Miguel hace 40 años, cuando aún laboraba en las instalaciones de lo que hoy es Huertos Uzhupud, Paute.