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VINO EN RESTAURANTES
| VINO EN RESTAURANTES |
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| jueves, 05 de noviembre de 2009 | |||||
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Cuando pedimos vino el sumiller no nos juzga al probarlo. En teoría sólo tenemos que aprobar que el vino está en buen estado y comprobar si hemos acertado en la elección de la botella. Pero la ceremonia de degustar el vino antes del servicio del mismo, acaba siendo un mero trámite, un gesto de cortesía. Ante tal situación, son muchos los que sin intentar ni siquiera degustar el vino, dicen: “póngalo, igualmente aunque esté malo no me voy a enterar”. Y eso, señores míos, no es así. Por mucho que creamos no saber de vinos, sí sabemos apreciarlos. Creo que todos somos A los que creen saber mucho, les diría que se dejaran aconsejar por el sumiller, pues A veces la columna de la derecha (la del precio) prima en la elección. Hemos de admitir que el precio del vino en hostelería se duplica o triplica, pero también lo apreciamos más por la exclusividad del momento. Cuando el precio del producto aumenta considerablemente, debe haber la figura del sumiller justificando el precio, es decir, sirviendo esa botella en su añada óptima, a la temperatura adecuada, con las copas que nos permitan captar al máximo la potencia del vino y una explicación exhausta del mismo junto al servicio impecable. Pagamos entonces que el restaurante tenga a una persona dedicada exclusivamente al placer dionisíaco de los consumidores. Cuando hablamos de la sumillería, ésta va siempre ligada a alta restauración; por eso si comemos en un restaurante más cotidiano no le podemos exigir este servicio. Sí debemos apreciar un restaurante tiene una carta con diferentes gamas de precios y Un problema común en nuestros días es el acohol y la conducción. Delante esta problemática situación, les animo a no dejar de ir a tomar su vino en su restaurante preferido pero no beberlo todo. Sería todo más fácil si tuviéramos la costumbre de llevarnos la botella sin terminar a casa y poderla acabar con tranquilidad y sin controles. Aún así, esta práctica no está muy extendida. Otra alternativa es apostar por beber poco pero de buena calidad o por pedir medias botellas. Aunque si son muchos y todos van a beber el mismo vino, es recomendable las botellas dobles (mágnum) donde el vino evoluciona mejor. También nos podemos inclinar por el servicio a copas, aunque la gama de elección es siempre más limitada. El maridaje de una buena comida con su vino ideal es un placer para los paladares que saben apreciar la buena gastronomía. Consuma vino. Es cultura identitaria y milenaria de nuestro país. Moderación y sobre todo, buscar profesionales que pongan el precio justo a lo servido.
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Entras en un restaurante, te sientas y una carta de vinos se posa frente a ti. ¿Y ahora qué? La elección, el ritual de cata, el servicio, los precios. Son tantos y tan variados los aspectos que a veces nos sentimos perdidos, inexpertos. Sirva este artículo para desmitificar el vino cuando estamos fuera de casa.
